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‘Da miedo saber que puedo ser yo quien contagie con el virus a mis padres’, dice estudiante de secundaria

Son más de 3,000 los casos de COVID-19 entre jóvenes latinos, lo que preocupa a expertos en salud pública.

Tyler LaRiviere/Sun-Times

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Genesis Rivera ha estado encerrada en su habitación desde hace dos semanas… y sigue contando los días.

La joven de 18 años dio positivo por el coronavirus el 12 de mayo, días después de que el sobrino mayor de su madre, José Luis Oliva, volviera a casa del trabajo con fiebre.

Después de leer sobre cómo manejar los síntomas de COVID-19 y cómo detener la propagación del virus, la estudiante de último año de Whitney Young High School se encargó de rastrear cada movimiento de Oliva en el departamento de La Villita que comparte con sus padres.

“Me convertí en la cuidadora de mi tío”, dijo Rivera, refiriéndose a Oliva, quien ha vivido con la familia desde que ella tenía 6 años. “Yo era quien le daba comida, y cada vez que usaba el baño, no dejaba que mis padres lo usasen hasta que fuera desinfectado. Sabía que por ser más joven, [el COVID-19] no me afectaría tanto como a mis padres.”

Oliva murió el 20 de mayo, 11 días después de dar positivo por coronavirus. Tenía 54 años.

Rivera dijo que experimentó síntomas leves de la enfermedad, pero ahora está preocupada por transmitirla a sus padres, que tienen casi la misma edad.

“Cuando recibí la llamada del médico, recuerdo haber llorado; me sentía bien, pero era la única persona que desinfectaba para que mis padres pudieran estar seguros; ahora ese trabajo lo hace mi madre, y da miedo saber que puedo ser yo la que contagie a mis padres con el virus”, dijo.

Alrededor de 3,200 latinos menores de 20 años han dado positivo por COVID-19 en Illinois. Mientras tanto, menos de 900 afroamericanos y 700 blancos menores de 20 años han dado positivo. El virus está afectando a los latinos jóvenes a un ritmo de uno por cada 250 en comparación a uno por cada 565 afroamericanos y uno por cada 3.065 blancos menores de 20 años.

Los jóvenes generalmente no sufren los peores síntomas de COVID-19, y solo tres pacientes menores de 20 años han muerto a causa del virus en todo el estado.

Pero cuando un niño o adolescente da positivo, significa que sus padres no pueden volver a trabajar durante al menos dos semanas. Eso es difícil para las familias que dependen de un cheque semanal, especialmente si están encabezadas por inmigrantes indocumentados y no califican para un cheque de apoyo.

“Mi esposo es un soldador, y la compañía ha sido buena con él, manteniéndole el trabajo, pero no sabemos con seguridad qué va a pasar”, dijo la madre de Rivera, Elmy Sánchez.

Sánchez comenzó a perder el sentido del olfato a principios de esta semana, una señal de que tal vez haya contraído el virus.

La familia planea hacerse la prueba nuevamente el lunes.

“Tengo fe en Dios”, dijo Sánchez. “No saldremos de la casa hasta que nos hagamos la prueba nuevamente”.

Traer a casa más que un cheque

Los latinos son más propensos que otros grupos raciales o étnicos a tener trabajos que no pueden hacerse desde casa, como la elaboración de alimentos o el trabajo en fábricas, donde las condiciones facilitan que el virus se pase de persona en persona.

La mayoría de los vecindarios latinos con altas tasas de hacinamiento, medidos por la cantidad de hogares que tienen más ocupantes que habitaciones, también tienen algunas de las tasas más altas de infección por COVID-19, según la organización ProPublica Illinois.

“Veo muchas casas multigeneracionales, con muchas familias que viven bajo el mismo techo y no pueden aislarse socialmente”, dijo la Dra. Jasmine Saavedra, pediatra de los Centros de Salud Esperanza en Brighton Park, un vecindario predominantemente latino que se encuentra en uno de los cinco códigos postales del estado con más de 2,500 casos confirmados de coronavirus.

“En la mayor parte de los casos, cuando hay niños y adolescentes, casi siempre alguien de la familia tiene un trabajo esencial, y traen el virus en su regreso a casa, contagiando a sus hijos”, dijo Saavedra.

Los adolescentes latinos que tienen trabajos esenciales también están llevando el virus a sus hogares.

Carlos Avilés, de 18 años, dio positivo el 18 de mayo. Trabaja en turnos de ocho horas, durante seis días a la semana, en un pequeño supermercado en Melrose Park.

Avilés vive en Maywood con sus ocho hermanos menores y sus padres. “Mis padres también terminaron dando positivo”, dijo. “Probablemente haya sido yo quien los contagió”.

“Los primeros cinco días fueron los peores”, dijo la madre de Avilés, Cesiah Aviles. “Tenía fiebre alta, escalofríos, dolores de cabeza. En un momento tuve muchos problemas para respirar y comencé a sentir miedo.

Carlos Avilés y su padre comparten la mayoría del pago de facturas y de otros gastos del hogar, pero ninguno de ellos puede volver a trabajar hasta que reciban una nota del médico que indique que están libres del virus.

“Estamos preocupados por las facturas porque esto es algo inesperado y siguen acumulándose sin importar qué ocurra”, dijo Cesiah Aviles. “No sé si tendremos suficiente para pagar la renta”.

“El problema es que no tenemos suficientes pruebas”

Unos 36,000 latinos en Illinois han dado positivo al COVID-19, más que cualquier grupo racial o étnico en el estado. Casi la mitad de esos casos están en Chicago, donde uno de cada 50 latinos ha dado positivo al virus.

Los expertos dicen que probablemente sea un recuento insuficiente, ya que en las áreas con alto porcentaje de residentes que son indocumentados y carecen de seguro de salud, como La Villita y Belmont Cragin, no se están haciendo la suficiente cantidad de pruebas en comparación con las que se hacen en otras partes del estado, según un estudio reciente realizado por el Laboratorio de Estudios de la Pobreza de la Universidad de Chicago.

La mayoría de las personas menores de 16 años tampoco pueden hacerse la prueba del virus, especialmente en las áreas de bajos ingresos que son predominantemente negras y latinas. Los hermanos menores de Carlos Avilés, por ejemplo, mostraron síntomas de la enfermedad pero no pudieron hacerse la prueba.

“El problema es que no tenemos suficientes pruebas”, dijo la Dra. Susana Álvarez, pediatra del Centro de Salud Familiar ACCESS en Melrose Park y médica de la familia Avilés.

ACCESS Community Health comenzó la semana pasada a hacer pruebas de coronavirus a pacientes de tan solo 12 años. Encontrar el virus entre los niños latinos es fundamental para controlar el brote a medida que la economía se abre y las familias trabajadoras se dan cuenta de sus necesidades de cuidado infantil, dijo la doctora Allison Bartlett, experta en enfermedades pediátricas infecciosas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chicago.

“Con la cancelación de clases en las escuelas y la presión de los padres por tener que salir a trabajar nuevamente, muchos niños terminarán siendo atendidos por su abuela u otro pariente, que corre riesgo de enfermarse”, dijo. “La gente tiene que tomar decisiones muy difíciles”.