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RESPALDO POLÍTICO: Joe Biden para presidente, por una nación indivisible

Trump y su grupo han destrozado todo lo que han tocado

Getty

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Hace poco más de una década, en 2009, Estados Unidos estuvo al borde de una segunda Gran Depresión. El Congreso había aprobado la Ley de Recuperación, un proyecto de ley de estímulo económico de 800 billones de dólares.

Al firmar la legislación, el presidente Barack Obama se dirigió al vicepresidente Joe Biden y le agradeció por trabajar detrás de las cámaras para cerrar el acuerdo. Luego Obama entregó todo el asunto a Biden para que lo supervisara.

Los republicanos despreciaron la Ley de Recuperación, ofendidos por todo ese gasto gubernamental. Los demócratas liberales lamentaron que no iría lo suficientemente lejos.

Pero Biden se puso a trabajar. Presionó a las agencias federales para que se movieran rápidamente, viajó por el país para ver los proyectos de estímulo en acción y habló por teléfono con un grupo rotativo y bipartidista de gobernadores y alcaldes. Estableció una “regla de 24 horas”: cualquier pregunta de un gobernador o alcalde tenía que ser respondida dentro de 24 horas.

La Ley de Recuperación funcionó. Un año después, analistas independientes como Moody’s le atribuyeron el ahorro o la creación de hasta 1.8 millones de puestos de trabajo. Se salvaron de la ruina sectores enteros de la economía, sobre todo la industria automotriz. Y ocho años después, la administración Obama le entregó al presidente Trump una economía fuerte y en crecimiento.

Imagínese en qué forma estaría nuestro país hoy en día si la administración Trump hubiera respondido de la misma manera audaz, centralizada y basada en hechos a la crisis del COVID-19.

Imagínese las decenas de miles de estadounidenses que todavía podrían estar vivos.

Hoy apoyamos a Joe Biden para presidente. Lo respaldamos por sus propios méritos. Es una persona honorable y eminentemente calificada, en virtud de una larga y capaz carrera como senador y vicepresidente, para ocupar el cargo más alto del país.

Nos bastaría con defender aquí un voto en contra de Donald Trump. Nuestro país no puede soportarlo más. Si la alternativa demócrata fuera un títere hecho con un calcetín, instaríamos a votar por el títere. Pero en Biden y su compañera de fórmula a la vicepresidencia, la Senadora Kamala Harris, de California, vemos un equipo, y una agenda, por los que vale la pena votar.

El cambio es la constante

Joe Biden es un demócrata convencional. Siempre lo ha sido y siempre lo será, para alivio de muchos posibles votantes en esta elección y para decepción de otros. A diferencia de los republicanos de hoy, Biden no es de los que construyen barreras contra el cambio social incluso cuando la gente se ahoga. Su instinto es seguir la corriente, aceptando que el cambio es la única constante en una democracia comprometida con la justicia. Pero le preocupa que el río inunde las orillas.

En el transcurso de casi medio siglo de carrera en puestos de poder (fue elegido para el Senado por primera vez en 1973), Biden ha adoptado posiciones que hoy parecen lamentables, ha adoptado otras posiciones que se han mantenido como loables e incluso proféticas, y más que cualquier otra cosa, avanzó en el tiempo siguiendo a su conciencia.

Está en la naturaleza de los demócratas convencionales como Biden moverse con cuidado y buscando el consenso, hacia un terreno ideológico que ha sido claramente definido por los estadounidenses a la vanguardia del cambio social. Tienden a seguir, con una nueva conciencia, los caminos de pioneros como John Lewis, Larry Kramer, el senador Bernie Sanders y el movimiento anti-racista.

Aprendiendo y creciendo

En sus primeros años en Washington, Biden, como la mayoría de los demócratas de la época, era un guerrero “duro contra el crimen”. Escribió la Ley de Control de Delitos Violentos y Aplicación de la Ley de 1994, que creó reglas obligatorias de sentencia para delitos de tráfico de drogas que llevaron al encarcelamiento desproporcionado de hombres negros y latinos.

Pero Biden aprendió y creció, una característica del hombre. En 2008, respaldó la eliminación de un componente central de la ley de 1994, una disparidad racista de sentencias entre el tráfico de crack y de cocaína.

Y concretamente admitió que se había equivocado.

“Soy parte del problema que he estado tratando de resolver desde entonces”, dijo en una audiencia del Senado en 2008.

Imagínese un presidente que puede admitir un error.

Como candidato demócrata a la presidencia, Biden está ahora en el lado correcto de la reforma de la justicia penal. Quiere eliminar las sentencias de prisión obligatorias por delitos no violentos, acabar con la pena de muerte, prohibir las cárceles privadas, despenalizar la marihuana y deshacerse de la fianza en efectivo.

El poderoso hilo de empatía

La vida de Biden, personal y profesionalmente, ha sido la historia de un hombre inclinado a aprender, adaptarse, a hacer lo correcto, hacer las cosas bien, encontrar puntos en común y recuperarse. Por su familia y su país. Un fuerte hilo de empatía recorre toda su carrera.

Biden co-patrocinó la histórica Ley de Violencia contra la Mujer de 1994, que desafió la idea de que el abuso doméstico es sólo un “asunto familiar” y rechazó la noción de que las víctimas de abuso sexual lo provocan. Las víctimas ahora pueden demandar a sus atacantes en una corte civil. El dinero federal fluye para apoyar las investigaciones locales de crímenes violentos contra mujeres. A los abusadores se les hace pagar una indemnización.

En los derechos de la comunidad LGBTQ, al igual que en los asuntos de justicia penal, Biden también evolucionó. Y, nuevamente, su conversión fue real.

En 1996 votó a favor de la Ley de Defensa del Matrimonio, que bloqueó el reconocimiento federal de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Dos años antes de eso, votó para cortar los fondos a las escuelas que enseñan la aceptación de la homosexualidad. Pero en 2012, como vicepresidente, se convirtió en el demócrata de mayor rango en respaldar el matrimonio entre personas del mismo sexo, abriendo la puerta en Washington a una avalancha de reconocimientos. Desde entonces, ha presidido personalmente los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Joe Biden nació en 1942. No es un hombre joven. Pero en su insistencia en abrazar la nación que somos hoy (todos los colores, religiones, géneros e identidades) él es un estadounidense para este 2020. Ha dado la bienvenida a cambios dramáticos y atrasados ​​en el reparto del poder político y económico, como se refleja en su elección por Harris como su compañera de campaña.

Una prometedora vicepresidenta

Biden ha dicho que sería un Presidente “de transición”, aunque solo sea por su edad, y eso es cierto. Lo más probable es que sirva solo un mandato de cuatro años. Es tanto más histórico y significativo, entonces, que haya elegido como su segundo al mando a la capaz Harris, la primera candidata a la vicepresidencia de raza negra y la primera surasiática-americana de la historia de la nación. Pertenece a la gran mayoría de estadounidenses, mujeres talentosas y personas de color, que fueron frenadas por demasiado tiempo.

Al igual que Biden, Harris es una demócrata centrista que se inclina un poco hacia la izquierda. Ella no es una radical desquiciada, no importa lo que se diga en Twitter.

Como fiscal en California, Harris persiguió a los depredadores sexuales y trató a las trabajadoras sexuales adolescentes como víctimas que son, no como criminales. Como fiscal general de California se negó a defender la Proposición 8, una prohibición estatal a los matrimonios entre personas del mismo sexo. Como senadora ha sido una destacada defensora de leyes de armas más sensatas, respetando los límites de la Segunda Enmienda, y se encuentra entre los interrogadores más preparados y filosos de los nominados por Trump, como el Juez de la Corte Suprema, Brett Kavanaugh.

Cinco crisis

Nuestro próximo presidente enfrentará cinco grandes desafíos: la pandemia de COVID-19, la injusticia racial y económica, una economía devastada, la amenaza existencial del cambio climático y la posición perdida de respeto e influencia de nuestra nación en el mundo. Nada de esto tenía que ocurrir, no a este nivel de crisis, pero Trump y su grupo han destrozado todo lo que han tocado.

Creemos que Biden y Harris tienen las habilidades y la experiencia para enfrentar esos grandes desafíos, y su agenda política avanza en la dirección correcta, aunque no de manera tan audaz como desearía un partidario del senador Bernie Sanders.

Ciertamente nadie está mejor preparado que Biden, ex presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, para reparar las relaciones con los aliados tradicionales de nuestra nación y enfrentarse al eterno mejor amigo de Trump, el primer ministro ruso, Vladimir Putin.

Sin embargo, esta elección no se trata realmente de currículums y posiciones políticas. Todos saben eso. Se trata sobre decencia. Biden es decente y Trump no. Se trata sobre carácter. Biden tiene carácter y Trump no. Se trata sobre honestidad. Biden es honesto y Trump es un mentiroso.

Y se trata sobre bondad. Biden es un buen hombre.

En esta elección, como dijo Sanders en la Convención Demócrata el jueves, sólo eso debería ser suficiente para ganar su voto por Biden.

“En Joe Biden, tienes un ser humano que es empático, honesto y decente”, dijo Sanders. “Y en este momento particular de la historia de Estados Unidos, Dios mío, eso es algo que este país necesita absolutamente. Y todos nosotros, ya sean progresistas, moderados o conservadores, tenemos que unirnos para derrotar a este presidente”.

Apoyamos a Joe Biden para Presidente.

Porque, no es mentira, esto realmente es una batalla por el alma de los Estados Unidos.

Envíe sus comentarios a: letters@suntimes.com.