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Una maestra de una escuela católica volvió a clases y se contagió de COVID-19 a los cuatro días

“Me sentí entre la espada y la pared”, dijo Margaret Healy, maestra. “Mi opción era renunciar o intentarlo. Lo intenté… y eso fue lo que sucedió”.

Ashlee Rezin Garcia/Sun-Times

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La primera semana de Margaret Healy de regreso a la escuela en su decimosexto año como maestra comenzó con un ataque de pánico.

La escuela católica donde trabaja, Immaculate Conception-St. Joseph School (ICSJ) en Near North Side, como la mayoría de las otras escuelas administradas por la Arquidiócesis de Chicago, reabrió a tiempo completo para ofrecer enseñanza en persona durante una pandemia.

“Desperté a mi esposo a las seis de la mañana y le dije que pensaba que estaba teniendo un infarto”, recuerda.

Días después, aún durante la primera semana de clases, Healy fue diagnosticada con coronavirus. Ella usó cubrebocas y un protector facial durante cada uno de los cuatro días en que fue a la escuela.

Al igual que muchos otros maestros y algunas familias con niños en escuelas administradas por la Arquidiócesis, que durante meses expresaron su confianza en que podrían reabrir escuelas de manera segura, la ansiedad de Healy por reanudar el aprendizaje en persona había ido creciendo.

“La decisión incorrecta”

El padre de Healy, Patrick, falleció a causa de COVID-19 en un centro de cuidados, en Julio. Ella se despidió de él por videollamada.

Healy, de 38 años, envió un correo electrónico a los administradores de la Arquidiócesis con sus preocupaciones durante el verano y nunca recibió respuesta. Ahora culpa a la Arquidiócesis por no dar a los trabajadores escolares la opción de quedarse en casa y enseñar de forma remota.

“Me sentí entre la espada y la pared”, dijo Healy. “Mi opción era renunciar o probar. Lo probé… y eso fue lo que sucedió”.

“Me gusta mi escuela. Quiero mucho a las familias. Especialmente durante una pandemia no quiero renunciar a las cosas que quiero. Conozco mi plan de estudios, sé lo que estoy enseñando. Pero estás obligado a tomar esta decisión y ahora siento que tomé la decisión equivocada”.

Ni Healy ni su esposo tienen problemas de salud subyacentes, y hasta ahora se siente relativamente bien; casi dos semanas después de tener los primeros síntomas, todavía tienen dolor de garganta y secreción nasal, pero nunca tuvieron fiebre.

Healy, quien enseña ciencia y religión en sexto año en el ICSJ, sospecha que se infectó en la escuela: tuvo contacto directo con alguien más que dio positivo por COVID-19, lo que la llevó a hacerse la prueba.

Healy estuvo en la escuela para dos sesiones de orientación el 26 y 28 de Agosto. Las clases comenzaron el lunes siguiente. Ella enseñó durante los siguientes cuatro días y sintió síntomas ese jueves 3 de Septiembre, que resultó ser el último día que fue a la escuela. Dio positivo y ha estado en casa desde entonces.

“He sido muy cuidadosa, en general”, dijo Healy. “Especialmente por mi papá. No voy a restaurantes. No veo gente”.

Le preocupa que se desconozcan los efectos a largo plazo de la nueva enfermedad y está frustrada porque hubo poca o ninguna aportación de los maestros en la decisión de reabrir las escuelas.

“Mi escuela está realmente intentándolo”, dijo Healy, elogiando a su directora, Katie Sullivan, por hacer todo lo posible para mantener el edificio seguro y garantizar que todo el tiempo hubiera desinfectante de manos y artículos de limpieza. “Pero estar en un espacio cerrado con los estudiantes durante un período de tiempo prolongado [no es seguro]”.

ICSJ está operando bajo un esquema con horarios en bloques, en el que Healy, por ejemplo, da tres clases por día durante 55 minutos a la vez, luego otras tres clases al día siguiente. Los estudiantes permanecen en sus aulas, pero como maestra que da distintas materias en secundaria, Healy ingresa a varios salones por día.

“Mi clase más grande es de 24 [estudiantes], y mi clase más pequeña es de 15”, dijo Healy, y señaló que solo hay espacio suficiente para que los adolescentes estén separados unos tres pies entre sí, menos de los seis pies recomendados. Dijo que le sugirió a la Arquidiócesis que tener clases más pequeñas podría ayudar a mantener seguros a los estudiantes y maestros.

Una carta de Sullivan a las familias del ICSJ, después de confirmarse la infección de Healy, instruyó a todos los estudiantes de sexto a octavo grado que se quedaran en casa hasta el jueves. Los estudiantes de cuarto y quinto grado que asisten a la escuela en el mismo edificio han continuado asistiendo a las clases en persona.

Escuelas deben seguir orientación sanitaria: oficial

Un funcionario de la Arquidiócesis dijo que el plan de regreso a clases exige que el personal y los estudiantes que tienen síntomas similares al coronavirus se mantengan alejados de la escuela hasta que tengan un diagnóstico confirmado. Y agregó que la Arquidiócesis ha seguido las pautas de salud de las autoridades locales al enviar clases a casa a toda una generación o a niveles completos de estudiantes después de confirmarse una infección.

“Siguiendo la guía de las autoridades sanitarias competentes, nuestro plan no exige el cierre de toda una escuela por un caso positivo”, dijo el Director de Recursos Humanos Justin Lombardo a través de un portavoz. “No hemos visto eso en ninguna guía de la autoridad de salud pública local”.

Los funcionarios de la Arquidiócesis dijeron el miércoles que ha habido 16 casos confirmados entre los 45,500 estudiantes y personal católico del área de Chicago en los últimos siete días. No dijeron cuántas infecciones confirmadas ha habido desde que se abrieron las primeras escuelas hace casi un mes.

Cuando se le preguntó acerca de las críticas de Healy al plan arquidiocesano, Lombardo, quien fue uno de los dos administradores a los que ella envió un correo electrónico durante el verano, dijo: “no comento asuntos del personal de manera individual”.

“Se consultó a múltiples partes interesadas y distritos electorales durante varias semanas mientras se desarrollaba nuestro plan de reapertura”, dijo. “Nuestro plan continúa evolucionando en base a nuestra experiencia hasta ahora, así como a las aportaciones de estos mismos grupos y la orientación en constante evolución de los expertos en salud pública”.

Algunos padres expresan su preocupación

No todos los interesados ​​en las escuelas católicas han sentido que regresar a las escuelas no fuera seguro. Muchas familias, incluidas algunas que anteriormente tenían a sus hijos en las Escuelas Públicas de Chicago, optaron por la educación privada este otoño debido a que había más probabilidad de que esas instituciones pagadas continuaran con la enseñanza en persona. Hay muchas familias de la clase trabajadora que luchan por equilibrar la enseñanza de sus hijos con el trabajo de los padres, mientras que otras le temen el impacto en la salud mental de los niños que no han socializado con amigos durante meses.

Una madre de dos estudiantes de ICJS que pidió permanecer en el anonimato dijo que cualquier plan de regreso a clases que no incluyera la realización de tests de forma regular, no era seguro.

Jennifer Meade Magruder, cuyo hijo menor asiste a otra escuela administrada por la Arquidiócesis, comparó el plan del distrito con la respuesta del Gobierno federal al coronavirus: las escuelas individuales, como los estados, tuvieron que valerse por sí mismas, lo que resultó en una respuesta variada. Meade Magruder, de Morgan Park, dijo que el personal de la escuela está haciendo todo lo posible y que ella respeta su trabajo, pero aún así mantuvo a su hijo en casa.

“Nuestra mayor preocupación acerca de ese plan era que el tamaño de las clases no se reduciría, por lo que serían 22 estudiantes en un aula que ni siquiera podría espaciarse”, dijo Meade Magruder, y agregó que sentía que la opinión de los padres tampoco había sido considerada. “Básicamente se redujo la seguridad”.