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Editorial: Si los Bears quieren un mejor estadio, deberían pagar el costo ellos mismos

La Municipalidad no debería sobrecargar más a los contribuyentes para que apoyen a un equipo de fútbol de propiedad privada con un valor de $4 mil millones.

Un estadio de Arlington Heights. | Daily Herald/AP

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Todavía es temprano, pero vamos a gritar esto desde el Soldier Field:

Nadie debería siquiera pensar en pedirle un sólo dólar a los residentes de Chicago para construir un nuevo estadio de los Chicago Bears en Arlington Heights, un suburbio del noroeste.

Los Bears están considerando construir un nuevo estadio en el sitio del antiguo Hipódromo Internacional de Arlington. El equipo acaba de firmar un acuerdo la semana pasada para comprar el sitio por $197 millones.

Hemos visto esta jugada antes, aquí y en todo el país. Un equipo deportivo profesional quiere un estadio nuevo o remodelado, convence a los contribuyentes de impuestos para que cubran una parte irrazonable del costo y luego, antes de que te das cuenta, el equipo se va.

Hace menos de 20 años, Chicago (o más bien, los contribuyentes de Chicago) se comprometió con aportar $432 millones para renovar el estadio Soldier Field para los Bears, dinero que los contribuyentes aún están pagando por medio de impuestos. Y ahora, el equipo está buscando irse o hacer un mejor trato. Pero basta. La Municipalidad no debería sobrecargar más a los contribuyentes para que apoyen a un equipo de fútbol de propiedad privada con un valor de $4 mil millones.

Y tanto el suburbio de Arlington Heights, como el estado de Illinois y cualquier otra entidad gubernamental deberían enviar el mismo mensaje: si los Bears quieren mudarse, deberían pagar el costo ellos mismos.

Hay muchas formas de financiar un estadio con fondos públicos. Un gobierno puede vender bonos que deben estar respaldados por impuestos sobre la propiedad o las ventas. O podría crear un distrito financiero de incremento de impuestos (TIF, por sus siglas en inglés). U ofrecer reembolsos de los impuestos de propiedad. O darle a un equipo una parte de los impuestos por entretenimiento. O dirígir los ingresos de un estadio financiado con fondos públicos al equipo.

Si los Bears se mudan a Arlington Heights, ¿cuáles son las posibilidades de que el equipo pague por las nuevas carreteras y otra infraestructura necesaria para que el estadio funcione? Aproximadamente cero. Usted, el contribuyente, pagará esos costos, directa o indirectamente.

Los equipos deportivos siempre justifican tal inversión pública alegando que sus nuevos estadios producirán todo tipo de nuevos beneficios para la gente de una ciudad. ¡Los ingresos fluirán! Pero cuando se trata de estadios de fútbol que albergan solo 10 juegos al año, los estudios muestran que eso no sucede. Los estadios no son contribuyentes confiables a las economías locales.

Antes de que los Bears nos pidan algo, los líderes electos como el alcalde de Arlington Heights, Thomas Hayes, y el gobernador J.B. Pritzker, deberían decirles a los Bears que cada dólar de los contribuyentes está apartado. Y deberían decírselo ahora.

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