5 cosas que no sabías de Ozzie Guillén y la rivalidad Sox-Cubs

Si existiera una categoría para la persona más ruidosa en la historia de la rivalidad Cubs-Sox, debería ser Guillén.

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Ozzie Guillen has a big laugh at Wrigley Field in 2009.

Ozzie Guillén suelta una risa en Wrigley Field en 2009.

Jonathan Daniel/Getty Images

La Voz es la sección en español del Sun-Times, presentado por AARP Chicago. 

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Fue durante la práctica de bateo en el Comiskey Park el 18 de mayo de 1987 —el primer “Clásico de la Ciudad de los Vientos” del ex jugador Andre Dawson— cuando vio y oyó por primera vez al joven, alegre y a veces chistoso campocorto de los Sox, Ozzie Guillén.

“Pensé, ‘¿Quién es este payaso?’”, dice Dawson. “Pero se me acercó y se presentó, y eso me gustó”.

Si existiera una categoría para la persona más ruidosa en la historia de la rivalidad Cubs-Sox, debería ser Guillén. Él jugaba cuando los Sox casi siempre ganaban, aunque a veces los juegos no contaban. Más adelante dirigió a los jugadores del lado sur durante 11 temporadas, durante las cuales la rivalidad estuvo en su mejor momento. Habló, maldijo, insultó, maldijo aún más, y eso fue antes de que se atreviera a destrozar el Wrigley Field que aún no había sido renovado.

“Es 1000% mejor ahora”, dice Guillén, de 58 años.

Todo el mundo lo sabe a estas alturas. Pero no todo el mundo sabe estas cinco cosas de Ozzie:

1. No perdió el tiempo para pasar vergüenza: Guillén fue el Novato del Año de la Liga Americana en 1985, pero el 29 de abril de ese año, todavía era un don nadie. Entonces vio al MVP reinante de la Liga Nacional, nada menos que Ryne Sandberg de los Cubs, en el banquillo de los visitantes en Comiskey.

Los Cachorros estaban a punto de salir al campo para la práctica de bateo. Guillén, un gran fanático, no podía dejar pasar la oportunidad de saludarlo.

“¡Hola, Jim!” Guillén gritó mientras se acercaba. “¡Jim Sundberg!”

Sandberg lo miró como si tuviera dos cabezas. Sundberg (escrito con una “u”) fue un receptor de la Liga Americana durante mucho tiempo que, irónicamente, se convertiría en el compañero de Sandberg en los Cachorros en 1987.

“Estaba tan emocionado, tan nervioso por conocerlo”, dice Guillén. “Dije, ‘Oh, lo siento, ¡Ryno!’. Ese fue uno de mis momentos más vergonzosos en el béisbol”.

2. Cocinar en casa podría ser una mala señal: es posible que ningún manager de los Cachorros haya querido vencer a los Medias Blancas tanto como Guillén deseaba vencer a los Cachorros. Con Dusty Baker y luego Lou Piniella en el otro banquillo, y trabajando en el lado de la ciudad que Guillén juró que recibía más amor y atención de los medios, Guillén, incluso después de ganar la Serie Mundial de 2005, quería ser reconocido.

“Quería ser el mejor gerente de la ciudad”, dice, “al menos durante una semana o un fin de semana”.

Guillén tuvo marca de 23-23 contra los Cachorros como mánager. Ni modo, a veces se gana, a veces se pierde.

“Hombre, esa serie fue enorme”, dice. “Me gustaba ganar, especialmente contra los Cachorros.

“Teníamos reglas en mi casa: si le ganamos a los Cachorros, comemos en un restaurante; si perdemos, comemos en casa. Porque no quiero salir y estar rodeado de gente si perdemos. Si perdemos ante cualquier otra persona, soy un hombre miserable. Pero si perdemos ante los Cachorros, peor”.

3. Se arrepiente... más o menos: Guillén realmente se equivocó en la octava entrada en Wrigley el 19 de mayo de 2007. Con las bases llenas, fue al bullpen y buscó al zurdo Boone Logan. Piniella respondió enviando al toletero derecho Derrek Lee, quien no se esperaba que estuviera disponible.

Adiós, béisbol. Los Cachorros anotaron seis runs en el marco para una victoria de regreso.

Guillén no está orgulloso de la respuesta que le dio a un reportero que le preguntó después del juego por qué movió a Logan.

“¿Recuerdo lo que dije? Sí, me acuerdo”, dice. “Dije: ‘Porque soy el gerente, por eso lo hice’. Esa no fue la mejor respuesta. Tal vez no debí haber dicho eso”.

4. Pero no se arrepiente de esto: en un día lluvioso en Wrigley, las críticas de Guillén sobre el estadio de béisbol se convirtieron en una controversia. Guillén pensó que los medios locales estaban [siendo hipócritas] al no estar de acuerdo con él públicamente. Cuando llegó el momento de su sesión informativa diaria previa al juego, mientras empezaba a llover, insistió en hacerlo en el banquillo, a pesar de que no era lo suficientemente grande para cubrir a todos los reporteros y cámaras.

“Le digo a los medios: ‘Quieren decir lo mismo que yo, pero no tienen las agallas’”, dice. “Era un lugar terrible para ellos trabajar.

“La mitad de ellos estaban empapados. Yo les dije: ‘¿Ven? Si esto fuera en otro lugar, no estarían tan mojados’. Algunos se rieron, otros lo odiaron, pero hice mi punto”.

5. La mejor parte de la rivalidad: lo creas o no, Guillén dice que recuerda con mucho cariño todos los comerciales ridículos que hizo con Piniella. Recordando los anuncios haciendo pesca, rapeando, fingiendo a las carreras de autos, todavía lo hace reír.

“Todos los comerciales que hice con Lou, todos fueron increíbles”, dice. “Fue la parte más divertida de ser gerente en la ciudad. Yo simplemente llegaba, miraba la cara de Lou y moría (de la risa), hombre. Hacía las caras más graciosas cuando actuaba. Amo a Lou Piniella”.

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