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La vida nunca será la misma para los trabajadores de los restaurantes de Chicago

Tres empleados que llevan mucho tiempo en la industria de la comida y hostelería están probando nuevos caminos tras meses de ansiedad, estrés y periodos de desempleo.

Ieshia Townsend, a food delivery worker who said she left her job at McDonald’s because of stressful working conditions, walks with a bag of food that she will deliver to a customer in the Rogers Park neighborhood.
Ieshia Townsend, que aparece repartiendo comida en Rogers Park, dejó su trabajo en McDonald’s por las estresantes condiciones laborales.
Pat Nabong/Sun-Times

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Cuando Ieshia Townsend trabajaba en un McDonald’s de Chicago, se convirtió en una entusiasta defensora del aumento de sueldo, al tiempo que abogaba por condiciones más seguras en los primeros meses de la pandemia de coronavirus.

“McDonald’s, si realmente le preocupan sus trabajadores negros y latinos, venga aquí y haga huelga con nosotros”, gritó durante una manifestación en el centro de la ciudad en julio del 2020.

Pero el pasado mes de abril, los dolores en el pecho y los ataques de pánico que cree que se derivan del estrés laboral se agravaron tanto que abandonó su trabajo tras cinco años en la cadena de comida rápida. Ahora reparte comida, y sus jornadas laborales suelen empezar a las 8 a.m., ya que a veces navega con pedidos de hasta 10 aplicaciones de reparto.

Pero el cambio ha valido la pena. Gana un poco más de dinero y el nuevo trabajo le permite pasar más tiempo con sus hijos. “No he tenido ningún dolor de pecho, ni estrés ni ansiedad”, dice Townsend. “Puedo cobrar mi dinero al final del turno, y puedo hacer lo que quiera con él”.

Casi dos años después de la pandemia de coronavirus, muchos restaurantes luchan por mantenerse a flote. Las fuertes pérdidas financieras y los cambios en los protocolos de COVID-19 para las reuniones en persona —que incluyen que los clientes muestren una prueba de vacunación— han puesto a prueba la capacidad de los empleadores para retener a sus trabajadores de confianza, muchos de los cuales se quejan de que están sobrecargados de trabajo, mal pagados y con miedo a contraer el coronavirus.

Algunos empleados de restaurantes de Chicago están cambiando de trabajo en el sector de la comida, con la esperanza de recuperarse de las pérdidas económicas de la pandemia y de sobrevivir en un sector que lucha por retener su plantilla.

En noviembre, el número de trabajadores que abandonaron sus puestos de trabajo en los servicios de comida y hostelería aumentó a 920,000, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales publicados en enero. En todos los sectores, se calcula que 4.5 millones de estadounidenses dejaron su trabajo en noviembre.

In November, the number of workers quitting jobs in food and hospitality services increased to 920,000, according to the U.S. Bureau of Labor Statistics. “We’re hiring” and “help wanted” signs are popping up at many restaurants, including a McDonald’s in suburban Maywood.
En noviembre, el número de trabajadores que abandonaron sus puestos de trabajo en los servicios de comida y hostelería aumentó a 920,000, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales publicados en enero.
Miriam Di Nunzio/Sun-Times

En un comunicado, Sam Toia, presidente y director general de la Asociación de Restaurantes de Illinois, dijo que la fuerza de trabajo de los restaurantes y la hostelería todavía se está reconstruyendo.

“Los restaurantes están tomando las medidas necesarias para aumentar los sueldos, los beneficios y los apoyos a los empleados para atraer a los trabajadores en este mercado laboral ajustado”, dijo. “Somos una industria de oportunidades ilimitadas”.

Muchos trabajadores de la hostelería han optado por otros trabajos—posiblemente en lugares como Amazon o UPS—o han permanecido desempleados hasta que surja una oportunidad mejor, dijo Robert Bruno, profesor de relaciones laborales y de empleo en la Universidad de Illinois Urbana-Champaign.

Mientras que algunas empresas han aumentado los sueldos para atraer a los trabajadores, otros beneficios como días de enfermedad pagado o la licencia familiar pagada todavía están rezagados, dijo.

“Eran malos trabajos entonces, y ahora sólo son moderadamente mejores”, dijo.

‘No podía volver a ese trabajo sin los beneficios’

Townsend, de 35 años, había trabajado en McDonald’s desde 2014. Ha visto los carteles de “se busca” que intentan atraer a posibles trabajadores con beneficios añadidos, pero dijo que también quiere protecciones laborales.

“Volvería, pero tendría que ser con un sindicato que me respaldara”, dijo. “Tendría que obtener todas las prestaciones médicas para volver a ese trabajo. No podría volver a ese trabajo sin los beneficios completos”.

Ieshia Townsend, a food delivery worker who left her job at McDonald’s because of stressful working conditions, sits recently at Touhy Park in the Rogers Park neighborhood.
Ieshia Townsend, una repartidora de comida que dejó su trabajo en McDonald’s por las estresantes condiciones laborales, sentada en el Parque Touhy de Rogers Park.
Pat Nabong/Sun-Times

Antes de dejar su trabajo, trabajaba unos dos turnos de seis horas a la semana a 14 dólares la hora, dijo. En sus últimos meses, le pidieron que entrenara a trabajadores más jóvenes, pero no le pagaron más por el trabajo extra. También le resultaba estresante trabajar con adolescentes.

En cambio, en un día reciente de reparto de comida, trabajó cinco horas y ganó 71 dólares, dijo. A veces ha ganado un poco más que antes, y puede recibir el dinero ese mismo día.

‘Ahora mismo estoy más o menos a flote’

Después de más de un año y medio sin trabajo, Michael Frantz fue llamado en noviembre para trabajar una vez a la semana como bartender en un restaurante del centro de la ciudad.

Aprovechó la oportunidad porque significaba volver a un trabajo sindicalizado, representado por UNITE HERE Local 1, con prestaciones médicas. Frantz, que anteriormente tenía cáncer, pasó la mayor parte de la pandemia pagando $530 al mes por el seguro médico.

Frantz, de 61 años, ha trabajado durante décadas en el sector de la comida y no cree que su trabajo vuelva a ser como antes de 2020; la gente tiene que adaptarse, dijo.

“Nunca volveremos a tener ese [anuncio de] ‘ocupado’ que teníamos antes, cuando le rezabas a Dios para que alguien entrara [a trabajar] detrás de ti para poder salir”, dijo. “Hoy en día no es así”.

Ahora alquila un coche semanalmente para poder conducir para Uber durante el día y llegar a fin de mes. Siempre le había gustado conducir, y el trabajo le da el sentido de ser su propio jefe.

Michael Frantz was out of work for a year and a half during the pandemic before being called back to a bartending job. But to make ends meet, he rents a car so he can drive for Uber during the day.
Michael Frantz con el coche que conduce para Uber.
Brian Rich/Sun-Times

Durante el año y medio que estuvo sin trabajo, cobró el desempleo y, en un momento dado, trató de cambiarse a una carrera de ventas. Pero eso no funcionó.

Frantz le dio prioridad al pago del seguro médico y de los medicamentos, y se retrasó en el pago de otras facturas.

El Fondo de Ayuda a los Trabajadores de Restaurantes de Chicago de la Southern Smoke Foundation le concedió $15,800 a Frantz para pagar su renta atrasada y las facturas médicas pendientes, según la organización. También recibió ayuda financiera de otro programa para pagar su factura de electricidad, y recibió alimentos con las estampillas de comida.

Incluso con los dos trabajos, todavía no está económicamente al mismo nivel que antes.

“Ahora mismo estoy más o menos a flote”, dijo.

‘Cuando hay poca actividad, no se gana dinero’

Las propinas en el restaurante del centro de la ciudad donde Sencia Sanon trabajaba como camarera eran tan generosas que a veces Sanon ganaba $75,000 al año. Pero entonces la pandemia la dejó sin trabajo.

Durante casi un año, esta mujer de 33 años dependió del desempleo para mantenerse a sí misma, a su hijo de 7 años y a su recién nacido, que nació en 2020. Después de que su desempleo terminara en febrero, trabajó a tiempo parcial en un restaurante del barrio por $6 a la hora además de las propinas.

Dejó ese trabajo y este verano comenzó un programa de entrenamiento para convertirse en chef, lo que cree que le proporcionará más estabilidad financiera.

“Cuando hay poca actividad, no se gana dinero”, dijo. “La pandemia me hizo ver que la gente ya no va a salir a cenar como antes. Así que me arriesgué a cambiar mi carrera para hacer algo diferente”.

Al igual que Frantz, recibió fondos de alivio del Southern Smoke’s Chicago Restaurant Workers Relief Fund para pagar su hipoteca después de que se retrasara en los pagos durante unos cinco meses.

Como parte del programa de formación laboral, ahora gana $19 a la hora y espera que su sueldo aumente a medida que adquiera más experiencia. Sin embargo, a veces sólo paga la mitad de su hipoteca.

“Ha sido un año duro, ya casi han pasado dos años”, dice. “Estaba usando las tarjetas de crédito, y cada vez que no podía pagar las facturas, compraba alimentos con tarjetas de crédito. Así que puedes imaginarte la deuda que tengo”.

Los reportajes de Elvia Malagón sobre justicia social y desigualdad de ingresos son posibles gracias a una subvención del Chicago Community Trust.