‘Los huecos del agua’ en el museo mexicano de Chicago muestra la permanencia de los pueblos originarios

La exposición refleja el legado y la constante reinvención de las culturas anteriores a la llegada de los colonizadores al territorio que conocemos como México.

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José Angel Santiago (Oaxaca) y su obra “Temblor en el Istmo”.

Gisela Orozco/Para el Sun-Times

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Estar presentes con sus usos, costumbres, legados y tradiciones. Vivos, a pesar de la colonización de hace siglos y de la apropiación cultural actual. Eso es lo que muestra la exposición, “Los huecos del agua”, que se exhibe en el Museo Nacional de Arte Mexicano (NMMA, por sus siglas en inglés) en Chicago.

Más que presentar el arte “indígena”, actual de México, hace un reclamo a la castellanización forzada y aboga por mantener la identidad de los pueblos originarios. Mostrar que han sobrevivido, que no son un mito, una romantización o una leyenda, y que ante todo buscan su permanencia, el respeto. Y ser ellos quienes cuenten sus historias por medio del arte.

La exposición presenta obras de artistas oaxaqueños, chiapanecos, yucatecos, guerrerenses y michoacanos, todos de raíces de los pueblos originarios.

Su curadora Itzel Vargas Plata contó a La Voz que “Los huecos del agua” se presentó originalmente en 2019 en el Museo Universitario del Chopo, de la Ciudad de México. En marzo de este año, se inauguró en el Museo Amparo de Puebla como en el NMMA.

“Representa una oportunidad de traer esas reflexiones a una ciudad donde pensamos que hay tantos habitantes que pueden sentir una relación con estas temáticas”, dijo Vargas Plata.

La curadora explicó que el génesis de la exposición fue la pregunta “¿Existe el arte contemporáneo indígena?”.

Dijo que muy pronto desecharon ambas categorías —contemporáneo e indígena— ya que “contemporáneo” es un término muy occidental y prefirió abocarse en la cuestión temporal.

Y se rechazó el término “indígena”, porque la muestra se va más hacia la raíz de los pueblos originarios del territorio hoy conocido como México, previo a su colonización y con los legados de su pasado.

“Se trata de culturas vivas en constante transformación y que son habitantes de un mundo global, donde la información transita de un lado a otro; son sujetos que proponen nuevos modos de ver el mundo, que siguen proponiendo conocimiento”, explicó.

En esta muestra, los visitantes van a ver obras por secciones que muestran desde el origen, la actualidad, al cambio. “Toda la exposición plantea que no podemos asumir que los pueblos son uno bajo el término ‘indígena’; tenemos que aproximarnos a ellos a partir de la especificidad de sus circunstancias”, detalló.

Los temas en común de la exposición, o su hilo narrativo, son las creencias, la identidad, la lengua —no el español sino las lenguas nativas— como territorio, la reafirmación de la identidad y el sufrimiento causado por la opresión y la imposición del español como “lengua nacional”.

En la primera sección de la muestra, los artistas hacen referencia al origen, a modos de pensamientos que datan de siglos, pero que también se adentran en el presente.

Dos de esos artistas que presentan su obra en dicha sección son los oaxaqueños Ana Hernández y José Ángel Santiago, ambos presentes junto con la curadora durante la apertura de la exposición.

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La artista Ana Hernández (Oaxaca) y su obra “Lluvia dorada”.

Gisela Orozco/Para el Sun-Times

Hernández presenta la pieza titulada “Lluvia dorada”, trabajo hecho con papel metálico y que parte de su experiencia con la indumentaria textil.

“Parte de mi trabajo es que este tipo de arte permanezca, que nuestras raíces, nuestra cultura, nuestra lengua, sigan vivas. Para nosotros es muy importante el origen, la raíz, la tierra. Esta pieza parte de la búsqueda de quiénes somos en el Istmo”, compartió Hernández.

El oro tiene un valor importante en su cultura y comunidad, contó, pero no como valor económico sino como un bien más allá de lo material, que se transmite de generación en generación, un hilo que conecta.

Para ella, presentar esta técnica que trabaja es para evitar que se pierda, ya que cada vez se hace menos. “Estamos olvidando cómo hacerla, pero hacerla es reafirmar que aquí estamos”.

Partiendo de un oficio como el de tejedoras, es mostrar que es un arte que se vincula al origen. Es un acto de tradición, pero también de permanencia.

“Nosotros siempre hemos estado, no pertenecemos. Somos. Es dejar claro que la apropiación actualmente es muy notoria, pero nosotros estuvimos antes, estamos y esto es lo que somos. No somos una moda, somos una comunidad”, agregó.

Originario de Juchitlán, José Ángel Santiago de formación estudió pintura en la escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

Durante más de una década ha trabajado como artista, principalmente como pintor. Dijo no sabía que era “indígena” hasta que llegó a la ciudad (Oaxaca).

“Era un término que no pasaba por mi radar”, compartió. “La idea de que pertenecía a una minoría, a lo que llaman ‘minoría’. Es un término que no me gusta mucho y me causa bastante conflicto, al ser un término que se acuñó después de la colonia”.

Actualmente hay toda una especie de discusión que se ha vuelto constante, la inclusión y el tema de la tolerancia, que no quiere que se vea como moda. “El asunto es que, peligrosamente, se pone de moda. Creo que el sistema, el capitalismo o el sistema económico, se vuelven inclusivos con tal por algún interés. Para mí es súper importante manifestar que no es moda, que somos una cultura”, puntualizó.

Santiago expone tres obras en “Los huecos del agua”; la principal es la pieza “Temblor en el Istmo”, un fresco que surgió a raíz del terremoto que hubo en Juchitlán en 2017, suceso por el cual tuvo que regresar a su hogar y que de alguna manera le permitió reconectarse con su cultura y sus creencias.

“Luego del terremoto comienzo a hablar con la gente y a escuchar no justificaciones, sino creencias de lo que pasó. Más allá de las creencias religiosas y de la justificación científica de las placas tectónicas, empezaron a surgir cosas curiosas de por qué tembló; la creencia es que debajo de la tierra ‘hay algo’, y eso se muestra en el fresco”, recalcó.

Trabajar en la técnica del fresco es también para reflejar que la misma ha estado presente en el continente americano desde antes de la llegada de los europeos, desde las primeras representaciones pictóricas y que mayoritariamente fueron destruidas por los colonizadores.

Otras de las obras que se destacan en “Los huecos del agua” son las tres piezas de los Tlacolulokos, como se hace llamar la dupla de artistas oaxaqueños Darío Canul y Cosijoeza Cernas.

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“Low Rider”, obra de la dupla de artistas los Tlacolulokos, Darío Canul y Cosijoeza Cernas (Oaxaca).

Gisela Orozco/Para el Sun-Times

Si bien las piezas están a color, Itzel Vargas Plata contó que los artistas prefieren hacer su trabajo pictórico en baja escala y en blanco y negro, porque “están en contra de la exotiquización” de lo oaxaqueño.

“Ellos eligen hablar sobre las problemáticas que existen en el estado y también han trabajado con el tema de la frontera. La mujer siempre es el centro de su obra, y es una mujer combativa que refleja los cruces culturales. Presentan otra cara de la que el estado u el gobierno nos vende de los pueblos originarios”, dijo la curadora.

Otros temas que se exponen en las obras que se muestran son precisamente los cruces culturales, las luchas sociales, la esclavitud y la destrucción ambiental.

“Los huecos del agua” se exhibe en el Museo Nacional de Arte Mexicano, 1852 W. 19th St., hasta el 27 de agosto. El museo está abierto de martes a domingo de 10 a.m. a 5 p.m. La entrada es gratuita. Más información al (312) 738-1503 o en nationalmuseumofmexicanart.org.

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