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Para ‘Dreamers’ de Chicago, la decisión de la Corte Suprema significó un ‘suspiro de alivio’

Tres residentes de Chicago cuyas experiencias como niños inmigrantes moldeó su trabajo de adultos, hablan sobre lo que significa para ellos esta tan esperada decisión

Citlalli Bueno es una recipiente de DACA
Anthony Vazquez / Sun-Times

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Karla Robles permaneció despierta gran parte de la noche anterior a que la Corte Suprema de los Estados Unidos respaldara el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) que protege a miles de inmigrantes de la deportación y les permite trabajar legalmente en este país.

Como maestra de primer año, Robles se encuentra entre los “Dreamers” respaldados por la política de la era de Obama y ​​le preocupaba cuál pudiera ser el fallo de la Suprema Corte.

Esta joven graduada de Loyola University en Chicago acaba de terminar su primer año como maestra de español en Palatine High School. Hasta ese día no sabía si pronto se vería obligada a abandonar el país y necesitaría encontrar trabajo en otro lado.

La residente de Logan Square, de 23 años, se despertó el jueves cuando su cuñada le dijo que el Tribunal Superior de la Nación había rechazado los esfuerzos del presidente Donald Trump para poner fin al programa.

“Mi hermano también tiene DACA”, dice Robles. “Nos abrazamos y lloramos en celebración. Es un gran suspiro de alivio”.

Cuando tenía unos 8 años, su familia dejó expirar sus visas porque había más oportunidades educativas en Chicago que en México.

Alrededor de los 12 o 13 años, recuerda que le preguntaron por primera vez si ella era “legal”.

“Cuando mis compañeros me lo preguntaron, estaba muy nerviosa”, dice Robles. “Simplemente les dije que era residente y traté de evitar las preguntas o darles detalles”.

Cuando comenzó High School, sus hermanos mayores fueron detenidos por agentes de inmigración mientras visitaban a un amigo en Boston. Con el apoyo de la comunidad, la familia pudo sacarlos del centro de detención y trabajaron con el Centro Nacional de Justicia para Inmigrantes para tratar de resolver sus casos de inmigración.

Esa detención cambió a Robles y la llevó a hablar sobre su estado migratorio.

En la secundaria ella aplicó para DACA. Eso le permitió continuar legalmente sus estudios universitarios y convertirse en maestra.

Ahora, en su salón de clases, está abierta a contar sobre su historia de inmigración. Ella no quiere que otros estudiantes se sientan como ella cuando era pequeña. Dice que quiere que sepan esto: “Hay alguien en este edificio que los está apoyando”.

Después de la decisión de la Corte Suprema, Robles planeó hacer un video para sus estudiantes con la nueva noticia.

“Hubiera querido encontrar una manera de decírselos en persona”, dice ella. “Solo tengo una sonrisa en mi rostro”.

Luchar a favor del DACA ha sido parte de la vida de Uriel Sanchez-Molina durante los últimos 10 años.

Cuando era adolescente, Sánchez-Molina se paró en Daley Plaza, diciéndole a quien lo escuchara que era un indocumentado. Acababa de terminar la secundaria, pero no podía encontrar trabajo legalmente ni obtener una licencia de conducir. La posibilidad de una deportación se cernía sobre él.

“Había una multitud de obstáculos que me hicieron sentir que tenía que hacerlo”, dice Sánchez-Molina, quien fue parte de la ola de activismo impulsado por jóvenes inmigrantes que condujo a la creación de DACA.

Aplicó tan pronto como el programa comenzó a aceptar solicitudes y, como resultado, dice que pudo obtener una licencia de conducir, solicitar empleo y estudiar en la Universidad de Illinois en Chicago y en Dominican University.

Ahora, a los 29 años, está tomando un descanso de la escuela, trabajando en un café. También recientemente formó parte de un equipo de investigadores que analizaron cómo las instalaciones de atención médica que sirven a grandes poblaciones de inmigrantes indocumentados respondieron ante la aplicación de las políticas de inmigración después de las elecciones presidenciales de 2016.

Y tiene su objetivo puesto en ingresar a la escuela de medicina.

“DACA me protege de la deportación, pero también me da algún tipo de dignidad”, dice. “Reconoce mi valor como persona”.

En los últimos meses, su atención se centró en la pandemia de COVID-19 y el movimiento generado a partir de la muerte de George Floyd en Minnesota.

Él ve este fallo de la Suprema Corte como un gesto a favor de los cambios sociales impulsados ​​por el activismo social, pero advierte: “Hay más luchas por la justicia de los inmigrantes que aún no se han iniciado. Quién sabe cuánto tiempo podrían tomarnos, pero ganaremos. El pueblo ganará en algún momento”.

Citlalli Bueno se despertó el jueves con numerosos mensajes de texto en su teléfono sobre el fallo de la Corte Suprema.

“Es un momento agridulce con todo lo que sucede”, dice Bueno. “Hay inmigrantes negros que se ven desproporcionadamente afectados por las deportaciones y la brutalidad policial. Tenemos que recordar eso, y debemos ser solidarios. Esta lucha no ha terminado”.

Bueno, de 24 años, ha vivido en los Estados Unidos desde que era una niña pequeña. Su familia vivía en Georgia antes de mudarse a Chicago.

Le concedieron protecciones DACA poco después de que comenzara el programa. Ella recuerda haber ido hasta Navy Pier para buscar ayuda para completar la solicitud. Como había tanta gente allí, le tomó un par de días antes de que pudiera aplicar.

Hoy Bueno trabaja para Enlace, una organización comunitaria de La Villita, haciendo trabajo de divulgación entre la comunidad inmigrante. El día antes del fallo de la Corte, recibió la renovación de su permiso de trabajo.

Como luchadora comunitaria, Bueno advierte que ya está avanzando a la próxima lucha por los inmigrantes. Ella considera que tener la protección de DACA es un privilegio, y dice que es importante trabajar con otros movimientos, como Black Lives Matter.

“Requiere que trabajemos juntos con otros movimientos que están surgiendo en este momento”, dice ella. “Siempre recordando que hay millones de inmigrantes indocumentados que están fuera de DACA; necesitamos una solución permanente que incluya a todos”.

Los reportajes de Elvia Malagón sobre justicia social y desigualdad de ingresos son posibles gracias a una subvención del Chicago Community Trust.