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Un centro de salud lidera la vacunación de los niños latinos contra el COVID-19

Todo el personal de Esperanza Health Centers es bilingüe, y el centro tiene un horario extendido, no requiere citas y paga los viajes en Uber de los pacientes.

Maria Lopez takes a picture of her daughters Alondra (left) and Victoria Macia, after the two elementary school-age girls got their covid shots at Esperanza Health Centers’ mass vaccination site on the Southwest Side.
María López le toma una foto de sus hijas Alondra (izquierda) y Victoria Maciá, después de que las dos se vacunaran en el centro de vacunación masiva de Esperanza Health Centers en el lado suroeste.
Giles Bruce / KHN

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Mientras una asistente médica se ponía los guantes y preparaba la jeringa, Victoria Macías, de 5 años, con una máscara rosa de Minnie Mouse y una blusa blanca puestas, volteó a otro lado y cerró los ojos.

“No te va a doler, ¿ok? Te voy a agarrar la mano, te voy a agarrar la mano”, dijo su hermana mayor, Alondra, de 8 años. “Respira profundo, respira profundo”.

La asistente médica, Rachel Blancas, inyectó el brazo izquierdo de Victoria en un segundo. Victoria abrió los ojos. Con eso, las hermanas Macías fueron de los primeros niños de 5 a 11 años en recibir la vacuna COVID-19.

La madre, María López, las sacó de la escuela temprano para pasar por el centro de vacunación masiva del lado suroeste.

“Han recibido todas las demás vacunas disponibles, así que ¿por qué no ésta?”, dijo López, de 43 años, una agente inmobiliaria.

Esperanza Health Centers, un proveedor de salud sin fines de lucro que gestiona el centro, ha sido el principal proveedor de vacunas pediátricas contra el COVID en Chicago, según el Departamento de Salud Pública de la ciudad, administrando unas 10,000 inmunizaciones a niños de 12 a 17 años. Ahora que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) ha autorizado la vacuna de Pfizer-BioNTech para niños de 5 a 11 años, los esfuerzos de la organización podrían servir como una lección para otros lugares de los Estados Unidos que han tenido dificultades vacunando a los niños.

“La gente de la comunidad confía en nosotros”, dijo Verónica Flores, gerente de la respuesta a COVID de Esperanza, que cuenta con cinco clínicas médicas que atienden a los pacientes sin importar su seguro o estatus migratorio. “Cuando empezó la pandemia, fuimos de los primeros en hacer pruebas”.

Dijo que, en un momento dado, Esperanza fue responsable por más de la mitad de todas las pruebas de COVID en la ciudad. La población de pacientes del centro de salud calificado por el gobierno federal, de aproximadamente un 90% de latinos, se ha duplicado a raíz de COVID.

Todos los que trabajan con los pacientes en Esperanza son bilingües. El centro de vacunación tiene un horario extendido, está abierto cinco días a la semana y no requiere cita previa. La clínica pagará el transporte de los pacientes en Uber para que se vacunen.

Benicio Decker holds tight to his favorite stuffed animal, “Bat Bear,” as medical assistant Rachel Blancas gives him a COVID vaccine at a mass clinic sponsored by Esperanza Health Centers on the Southwest Side.
Benicio Decker abraza a su peluche favorito, el “Oso Murciélago”, mientras la asistente médica Rachel Blancas le aplica la vacuna contra el COVID.
Giles Bruce / KHN

Si los padres o tutores tienen preguntas o dudas sobre la vacuna pediátrica, Esperanza los pone en contacto con uno de sus médicos.

El Dr. Mark Minier, director médico pediátrico de Esperanza, trata de tranquilizar a sus jóvenes pacientes, diciéndoles que la vacuna, que se administra en una dosis más baja que la de los adolescentes y los adultos, ha resultado ser segura y eficaz para los niños de 5 a 11 años. Los efectos secundarios relativamente leves pueden ser dolor en el lugar de la inyección, dolores de cabeza y fatiga que pueden durar uno o dos días. Además, les recuerda que los niños están en riesgo de contraer el virus.

“Alrededor de 2 millones de niños de entre 5 y 11 años han sido diagnosticados con COVID, y ha habido alrededor de 170 muertes”, dijo Minier. “Eso sigue siendo demasiado. Si tenemos algo que pueda ayudar a prevenir la muerte o cualquier tipo de morbilidad de los niños por COVID, entonces debemos hacerlo.”

Cynthia Galván, una asistente médica de Esperanza que vive cerca, llevó a su hijo Andrés, de 10 años, a vacunarse. Ella espera que esto asegure que su familia tenga un mejor Día de Acción de Gracias que el año pasado, cuando varios familiares se enfermaron de COVID-19.

“Todos en casa ya estaban vacunados excepto él”, dijo Galván, de 34 años. “Somos diez”.

La tasa de vacunación de Chicago, del 58.2% para los jóvenes de 12 a 17 años, es más alta que el promedio nacional, de alrededor del 50%, en gran parte debido al trabajo de los centros de salud comunitarios como Esperanza, dijo la Dra. Allison Arwady, comisionada de salud pública de Chicago. Su personal no sólo está familiarizado con los idiomas y las culturas de sus pacientes, sino que también son el tipo de lugares en los que toda la familia suele vacunarse, empezando por los abuelos el pasado invierno.

“Sabemos que el mayor factor de predicción para que un niño se vacune es que sus padres o tutores estén vacunados”, dijo Arwady.

Sin embargo, le preocupan los 750,000 habitantes de Chicago que se calcula que no están inmunizados contra el COVID. Los jóvenes negros de Chicago han quedado rezagados con respecto a otros grupos a la hora de vacunarse, y le preocupa que este invierno puedan producirse brotes entre esos vínculos no vacunados.

“De un modo u otro, es probable que su sistema inmunitario aprenda la lección del COVID y probablemente sea en los próximos meses”, dijo Arwady. “Así que, o se vacuna de la forma más segura o se arriesga a infectarse”.

Los funcionarios de la ciudad han estado trabajando para aumentar la aceptación de la vacuna ofreciendo tarjetas de regalo de 100 dólares, administrando vacunas gratuitas en casa a cualquiera que lo desee y dando a todos los niños de las escuelas públicas el día libre el viernes para que se vacunen.

Los Centros de Salud Esperanza enviaron un mensaje de texto a las familias de cada uno de sus aproximadamente 8,000 pacientes de entre 5 y 11 años para informar a sus padres de que la vacuna estaba disponible. Comenzó a distribuir las vacunas a los niños más pequeños apenas unas horas después de que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) dieran el visto bueno definitivo, y comenzará a distribuir las segundas dosis en tres semanas.

“Odio las inyecciones”, dijo Benicio Decker, de 7 años, mientras jugaba en un iPad en la sala de espera de la clínica. “Solo me gustan las inyecciones cuando nos dan un helado después”.

Pero el niño de segundo grado dijo que estaba dispuesto a soportar un poco de incomodidad “porque quiero proteger a mi familia, a mí, a mis amigos, a mi maestra”.

En una fresca tarde de otoño, las familias con niños pequeños entraban y salían del lugar, un antiguo gimnasio de 23,000 pies cuadrados con ventilación, luces fluorescentes colgantes y un suelo de goma. Mientras sonaban canciones de Disney por las bocinas, los niños se detenían para tomarse fotos delante de los fondos fotográficos con temática de astronautas y decorados de globos que había instalado el centro de salud.

“Hacen un gran trabajo para poner la información a disposición de la gente”, dijo la madre de Benicio, Esmie De Maria, de 39 años. “Tienen folletos en restaurantes, lavanderías y supermercados. No esperan que la gente venga a ellos [por información]”.

Esperanza también ha realizado clínicas de vacunación improvisadas en escuelas y parques.

De María dijo que no se encontró con listas de espera como en otros lugares. Incluso recurrió al centro de salud para impartir talleres de vacunación a sus colegas de una organización comunitaria.

Esperanza es una institución de confianza en una parte mayoritariamente latina de la ciudad, dijo De Maria. En Chicago y en todo el país, los latinos han sido menos propensos que los blancos y los asiático-americanos a vacunarse contra el coronavirus, aunque esa brecha se ha ido reduciendo.

“Históricamente, la gente de color tiene todo el derecho a desconfiar de las vacunas”, dijo De María, señalando que muchas mujeres en su hogar ancestral de Puerto Rico fueron obligadas a ser esterilizadas durante el siglo XX. “Está integrado en nuestro ADN el ser escépticos”.

Pero dijo que espera que todos consideren vacunarse por el bien de la comunidad.

“Esto no es sólo para él”, dijo, señalando a Benicio.

En el puesto de vacunación, Blancas, la asistente médica, le dijo a Benicio que la inyección se sentía como una picadura de mosquito.

“Estás siendo muy valiente. Te estás ganando ese helado”, le dijo su madre.

Cuando Blancas inyectó la aguja en el brazo de Benicio, el niño, agarrado a su osito de Batman, soltó un silencioso “Ay”. Después, dijo que sólo había sentido un pequeño piquete.

“Estás oficialmente vacunado”, le dijo su madre mientras él jugaba con su teléfono en la zona de observación durante los 15 minutos recomendados para asegurarse de que no tenía ninguna reacción alérgica peligrosa. “Va a ser uno de los primeros niños de su escuela en vacunarse. Es un pequeño superhéroe”.

KHN (Kaiser Health News) es una redacción nacional que produce periodismo de profundidad sobre temas de salud.