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Escuelas sucias: Maestros y padres ponen manos a la obra para limpiar su escuela

Dado que los padres del vecindario predominantemente latino se enteraron a principios de la semana pasada de la suciedad en la escuela de sus hijos, algunos se han ofrecido a ayudar a limpiar, otros a comunicarse con CPS y funcionarios de la ciudad.

“I don’t want to get sick because the school is not getting cleaned,” 8-year-old Xochitl Frausto Morales, a third grader at Eberhart Elementary School, complained to the Local School Council at a meeting this past week about the filth — and the absence of custodians to keep the school clean. “I know it is not clean because I found a living cockroach on the toilet seat in the Eberhart bathroom.”
“No quiero enfermarme porque la escuela no se está limpiando”, se quejó Xochitl Frausto Morales, de 8 años, estudiante de tercer grado en Eberhart, ante el Consejo Escolar Local en una reunión la semana pasada, por la ausencia del personal de limpieza para mantener la escuela limpia.
Anthony Vázquez/Sun-Times

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Durante semanas, no se podía encontrar papel higiénico o jabón en los baños sucios de la Escuela Primaria Eberhart en el lado sureste.

Los pasillos de la escuela no se habían trapeado. Nadie sacaba la basura del comedor para los aproximadamente 1,100 niños que, en medio de la pandemia de COVID-19, habían regresado al aprendizaje en persona en Eberhart.

Una mañana, los niños de kinder entraron a un salón de clases que tenía excremento de animales.

Pero los baños eran los peores. Se puso tan mal la situación que algunos niños empezaban a llorar cuando tenían que ir. Algunos intentaron —los más niños en vano— de aguantarse todo el día para evitar entrar a ellos.

“No quiero enfermarme porque la escuela no se está limpiando”, se quejó Xochitl Frausto Morales, de 8 años, estudiante de tercer grado en Eberhart, ante el Consejo Escolar Local en una reunión la semana pasada, por la ausencia del personal de limpieza para mantener la escuela limpia. “Sé que no está limpia porque encontré una cucaracha viva en el asiento del inodoro en el baño de Eberhart”.

Nneka Gunn, la directora, le dijo al consejo que llamó a la línea directa de las Escuelas Públicas de Chicago (CPS, por sus siglas en inglés) que se estableció para reportar problemas de limpieza con el trabajo privatizado de limpieza de CPS.

Gunn dice que ella y otros miembros del personal también enviaron correos electrónicos a su jefe, al jefe de instalaciones del sistema escolar y a Pedro Martínez, el nuevo director ejecutivo de CPS, con fotos de pisos sucios, ventanas llenas de telarañas y botes de basura más que llenos.

“Sé que me he comunicado con todos los [más indicados]”, dijo Gunn al consejo. “La [administración] no está tan preocupada como creemos que debería estar”.

Aramark, la compañía que se hizo cargo de la limpieza de Eberhart el 1 de octubre, había enviado solo un conserje para limpiar la escuela de tres pisos, que se ubica en toda una cuadra de la ciudad. Se supone que el gigante de mantenimiento enviaría sustitutos cuando los conserjes regulares estuvieran fuera: en Eberhart, dos tomaron descanso por enfermedad. Pero no lo hicieron.

Así que el personal de Eberhart se pusieron guantes de goma, compraron trapeadores y pusieron manos a la obra en la escuela de 164,000 pies cuadrados en el 3400 W. 65th Place en Marquette Park.

“De hecho, es impresionante ver a mi subdirectora con un trapeador y una cubeta yendo al baño de los niños a limpiar”, dice la asistente de clase Cindy O’Donnell. “Todo el mundo está colaborando”.

Los ayudantes de maestros de kinder y un subdirector estaban limpiando los baños mientras los maestros limpiaban los salones. Los guardias de seguridad aspiraron los pasillos y ayudaron a los administradores a sacar la basura. Los maestros han estado comprando jabón para los baños en donde los dispensadores han estado vacíos. El director tomó una escoba y un trapeador. El decano de disciplina trajo su soplador de hojas para limpiar las escaleras llenas de basura.

“Tengo a mi hija ayudándome a limpiar por las mañanas lo que quedó del día anterior”, dijo Cynthia Centeno, asistente de kinder y madre de un alumno de sexto grado, quien se ha quedado tarde en semanas recientes para limpiar. “He visto cucarachas en los salones, algo que nunca antes había visto. Es decepcionante venir a la escuela y pensar en lo que voy a tener que limpiar en lugar de lo que voy a hacer para estos niños”.

Dado que los padres del vecindario predominantemente latino se enteraron a principios de la semana pasada de la suciedad en la escuela de sus hijos, algunos se han ofrecido a ayudar a limpiar, otros a comunicarse con CPS y funcionarios de la ciudad.

“Yo también puedo ayudar como voluntaria a limpiar”, dice Jessica Carrera, una elotera afuera de Eberhart, quien dice que su hijo de kinder se ha perdido el recreo porque su maestra estaba limpiando.

“Otras escuelas están limpias. Nuestra escuela está sucia”, dice María Dávila, madre de cuatro hijos. “No sé si piensan menos de nosotros porque somos hispanos”.

“Eberhart es una comunidad en la que vamos a intervenir, vamos a hacer que las cosas se cumplan, vamos a unirnos, vamos a trabajar”, dice Darlene Randall, una consejera de servicios profesionales. “Pero eso no lo hace que esté bien”.

Eberhart ha tenido que recurrir a hacer su propia limpieza a pesar de que CPS está gastando cientos de millones de dólares en servicios de mantenimiento privados durante los próximos tres años bajo un nuevo sistema. Eso se suma a los $920 millones que CPS pagó por la limpieza subcontratada en los últimos ocho años.

Las preocupaciones sobre la limpieza en algunas escuelas se remontan a al menos 2014, cuando CPS entregó el manejo de conserjería a Aramark y a una segunda empresa, Sodexo.

Tras las quejas y los reportajes del Chicago Sun-Times sobre las fallas, especialmente en edificios que educan a niños afroamericanos y latinos, y las irregularidades en las inspecciones de limpieza, CPS ha hecho varios cambios.

El cambio reciente es la contratación de un jefe de instalaciones, Clarence Carson, quien anunció el año pasado que el sistema escolar obtendría el control de sus edificios al contratar a más gerentes de CPS para supervisar a los proveedores y prometió deshacerse de Aramark y Sodexo.

At his first Chicago Board of Education meeting, CPS’ new CEO Pedro Martinez acknowledged a “rough transition” to CPS’ latest cleaning and facilities management contracts.
En su primera reunión con la Junta de Educación de Chicago, el nuevo director ejecutivo de CPS, Pedro Martínez, reconoció una “transición difícil” a los últimos contratos de administración de instalaciones y limpieza de CPS.
Anthony Vázquez/Sun-Times

Luego, Carson cambió de planes, expandiendo el rol de Aramark en lugar de contratar otra empresa. Aramark pasó de limpiar solo algunas escuelas de CPS a todas las 636 —reemplazando las que anteriormente manejaba Sodexo, incluida Eberhart— a partir del 1 de octubre, en virtud de un contrato de tres años y $369 millones.

Pero pronto quedó claro que había problemas en las escuelas de toda la ciudad. A mediados de octubre, CPS estaba ofreciendo tiempo extra y pagando 2.5 veces el salario normal a los ingenieros para abrir escuelas para que los equipos de limpieza pudieran ponerse al día.

Los funcionarios se han negado a decir cuáles escuelas necesitaban los servicios adicionales o quién estaba cubriendo el costo.

CPS se ha negado a hacer a Carson o su supervisora, Lindy McGuire, directora de operaciones interina, disponible para entrevistas.

En una reunión de la Junta de Educación de Chicago la semana pasada, Carson culpó la escasez de personal. Dijo que CPS contrató 2,500 conserjes en la primavera “porque sabíamos que necesitábamos más personal para enfrentar los desafíos, especialmente con el COVID-19”. Pero agregó: “En este momento, no tenemos todo el personal para cubrir esas asignaciones”.

La portavoz de CPS, Mary Fergus, dice que a CPS le faltan 300 conserjes.

Marisa Alarcón, una madre de Eberhart, dice que su hijo de tercer grado vio cucarachas en su escritorio. La maestra de su hijo también ha visto cucarachas y excrementos de ratón en su salón de clases, donde comen los niños de kinder.

Two of Marisa Alarcon’s children at Eberhart Elementary School have seen roaches in their classrooms. If parents are going to volunteer to clean the school, she’d volunteer, too: “Anything for my kids.”
Two of Marisa Alarcon’s children at Eberhart Elementary School have seen roaches in their classrooms. If parents are going to volunteer to clean the school, she’d volunteer, too. “Anything for my kids.”
Anthony Vázquez/Sun-Times

Meceando a su bebé recién nacido afuera de la escuela, Alarcón se ofreció a unirse a los voluntarios de limpieza: “Lo que sea por mis hijos”.

Iris Acuña dice que su hija de 5 años tiene miedo de usar el baño en la escuela debido a la suciedad.

“Es importante durante la pandemia mantener la escuela limpia”, dice Alcuna. “Los padres han estado trabajando demasiado duro y por mucho tiempo para mantener a los niños sanos en casa”.

Xochitl, la estudiante de tercer grado, ve a sus maestros y otros miembros del personal trapeando y tallando y dice: “Creo que la compañía no debería de recibir el dinero de Eberhart si no la están limpiando”.