Cecilia Violetta López, hija de inmigrantes mexicanos, que de niña trabajó en el campo y ahora es una soprano que triunfa

Conoce más de la historia de la mexicoestadounidense quien interpreta a Rosa en la ópera ‘The Factotum’, que presenta el Lyric Opera de Chicago del 3 al 12 de febrero.

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CHICAGO — Sin perder sus raíces mexicanas y específicamente michoacanas, Cecilia Violetta López es una artista que lo mismo puede cantar en la ópera que una buena ranchera y siempre con el amor y el orgullo de llevar su origen humilde de gente de pueblo, de rancho.

Y ahora es la única latina en el elenco de “The Factotum”, una obra operística/artística creación del barítono Will Liverman —quien fuera alumno del Ryan Opera Center y nominado al Grammy— y del DJ y multiinstrumentista DJ King Rico, inspirada en la ópera clásica “El Barbero de Sevilla” de Rossini.

“The Factotum” fue comisionada por Lyric Opera of Chicago y fusiona la ópera con el gospel, rap y hip-hop, y sitúa su trama en una barbería del sur de Chicago, lo que la hace una ópera innovadora y vanguardista que se estrena justo en el Mes de la Historia Afroamericana.

Si bien la ópera se centra en las historias de los afroamericanos del sur de Chicago, Cecilia, en su personaje de Rosa, plasma la relación y vínculo de las comunidades afroamericana y latina así como sus luchas en común.

Pero la historia de Cecilia y de cómo llegó a este punto de su vida y carrera es digna también de una ópera o una telenovela, como ella misma le explica a sus padres lo que ella hace.

“La ópera es como una telenovela y la ópera es para todos, no discrimina, siempre uso de testimonio mi vida y la de mi familia y cuando les digo que soy de rancho es porque lo soy”, dijo López a La Voz en entrevista.

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Cecilia Violetta López

Cortesía

Cecilia fue la primera de su familia que nació en Rupert, Idaho, luego de que sus papás emigraron a Estados Unidos originarios del ranchito Colonia 20 de Noviembre (El Camalote), ubicado cerca de Huaniqueo, Coeneo y Zacapu, Michoacán.

Su papá, contó, fue el primero que emigró a EE.UU., como lo hacen muchos mexicanos originarios del rancho o pueblo: de manera “ilegal” y con el afán de dar sustento a sus familias y que venían a trabajar como campesinos.

“Mi mamá decía que en aquellos tiempos no había ni para un taco de frijoles, ni para zapatos. Mis papás se casaron de muchachos, mi mamá se quedó con mis abuelos y mi papá vino de ‘mojado’. El ‘coyote’ los llevó hasta Idaho; mi papá cuenta que iba por un camino de tierra y se encontró al que iba a ser su patrón. Le dijo, ‘ey, amigo, ¿quieres trabajo?’. Mi papá dijo que sí, y empezó así a trabajar”, recordó López.

El papá de Cecilia trabajó con ese patrón hasta que él mismo le sugirió ayudarlo a traer a su familia de México, en ese entonces la mamá de Cecilia y su hermano mayor, porque le dijo, “un hombre trabaja más agusto y es más feliz cuando trae a su familia”. Así la mamá y hermano de la cantante emigraron a Idaho cruzando la frontera.

Cecilia nació en Idaho en 1982.

Cuando no había trabajo en el campo, la familia regresaba a Michoacán, cruzándose sin papeles pero con seguridad. “Eran otros tiempos”, recordó de esas travesías donde hasta en una ocasión la familia fue detenida por inmigración e, incluso, puesta en una celda. Todos menos su hermano, ya que el agente al verlo rubio y de ojos azules, no pensaba que era mexicano.

“La ironía es que yo era la nacida en Estados Unidos y estaba en la celda”, recuerda de esa travesía de la que la familia salió sin problemas, pero que volvió a EE.UU. “cruzando el cerro”.

Al ser la única de la familia que tenía la ciudadanía estadounidense, en 1986 durante la amnistía del presidente Ronald Reagan, Cecilia fue quien patrocinó la residencia de sus padres y hermanos. Recuerda que a los 5 años de edad y sin saber ni leer ni escribir todavía, era la traductora de la familia del inglés al español.

Su primer acercamiento a la música fue en los sembradíos, en el campo, cuando ayudaba a sus papás a sembrar durante las vacaciones escolares. A ella le tocaba acompañar a su mamá haciendo los surcos para la siembra y esta, para evitar que se aburriera en esa labor, le cantaba y le enseñaba las canciones de Pedro Infante, Miguel Aceves Mejía, Lola Beltrán y Amalia Mendoza, entre otros intérpretes mexicanos.

“Esos recuerdos son un tesoro para mí, estar en los campos, bajo el sol, bajo la lluvia, sembrando, trabajando. Ahí nació el amor a la música y comenzó con las raíces mexicanas”, compartió.

En ese entonces, ni había visto ni escuchado una ópera, ni por su mente pasaba estudiar música o canto. Siguió con su vida, terminó sus estudios de asistente quirúrgica, se casó y tuvo un hijo. Fue hasta los 23 años que exploró la idea de estudiar música, pero ella pensaba en ser profesora.

Pero cuando fue a una obra de la universidad en la que sus compañeros que estudiaban canto montaron “La Bohème” de Puccini, se enamoró cuando entró al teatro. Sin saber nada de la historia, la muerte de Mimi, la protagonista la tomó por sorpresa. Y fue ese día justo después de esa función que cambió su destino y rumbo al estacionamiento del lugar, le dijo a su ahora ex marido que se dedicaría al canto.

“Fue algo mágico ese momento. Tan mágico como cuando mi mamá nos cantaba en el campo para achicar las horas de trabajo y yo quería explorar esa magia”, contó.

Se “puso las pilas” y audicionó no una, sino tres veces para la facultad de canto lírico, para que la tomaran en serio. Practicó, ensayó intensivamente y sin descanso.

En 2011 cuando se graduó como soprano, tomó la decisión de solo hacerlo como cantante y no también como docente, luego de consultarlo con su mamá.

“Le pregunté si estaría orgullosa si solo me graduaba con un título. Ella me dijo que cómo no estarlo si era la primera mujer de mi familia en estudiar, que todos en mi familia estarían orgullosos de ti sin importar lo que hiciera”, recordó.

De ahí, en 2012 tuvo su primer contrato para trabajar profesionalmente como soprano en una compañía de ópera profesional y se ha presentado en casi todo el país y en Bélgica, además de haber estudiado en Austria.

Aún se emociona al recordar a la niña que como mexicana y mexicoestadounidense, vivió de aquí para allá, la misma que cuando iba al rancho a Michoacán, vivía en una casita de adobe que con esfuerzo luego fue de cemento, la que iba al pozo en el rancho y que acarreaba agua en cántaros porque no había agua potable y que trabajaba en los campos de Idaho.

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Cecilia Violetta López cuando era niña.

Cortesía

Esa niña es la mujer que ahora canta por el mundo y que ahora ensaya en Lyric Opera y que está por presentarse en una producción de esa casa operística. La misma que, con su historia de vida le demuestra a los que comparten su origen, que también ellos pertenecen al mundo de la ópera o al que se propongan y lo logran a base de esfuerzo, esto sin renunciar a su origen ni identidad y estar orgullosos de eso.

“Para mí estar en Chicago es muy importante”, destacó. Y lo es, ya que la mayoría de mexicanos que emigraron a Illinois —y que son la mayoría de los latinos, según datos — son originarios de los estados de Durango, Michoacán, Guanajuato y Jalisco, además de ser gente de provincia, de pueblo, de rancho.

“Me lo merezco, porque le he ‘echado’ ganas y más ahora en esta ópera de ‘The Factotum’, donde soy la única latina y donde canto una canción con voz tipo de mariachi, muy de pecho y que es una historia de Chicago. Es ver algo de mi historia en la ópera”, agregó.

Parte de su compromiso ahora como una mexicana que vino de gente de origen ranchero, es romper estereotipos dentro del mundo de la ópera o cómo es percibida por el público.

“La ópera empezó como la música del pueblo, el medio para el pueblo. A mis papás les explico que es como una telenovela y sigue siendo un medio todavía desconocido, pero es para contar historias y compartirlas por medio de la música”, compartió López.

Y que la comunidad mexicana, latina o la que cree que la ópera es para “pipirisnais” —anglicismo de “nice people” haciendo alusión a la gente de alta sociedad o rica— dijo, se sienta que es parte, que tiene un lugar en estos recintos y espectáculos.

“Si tengo un propósito en la vida es ese, ayudarle a la gente a entender lo que es este medio, que este es un arte de comunicación de música y que al final del día la música no discrimina”.

“The Factotum”, se presenta en cinco funciones del 3 al 12 de febrero en el Harris Theater, 205 E. Randolph St. Las entradas ya están agotadas. Para más información, visita lyricopera.org/factotum.

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