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En las secundarias de Chicago hay una marcada división racial sobre cuándo se llama a la policía y a qué estudiantes se arresta

Los registros de las Escuelas Públicas de Chicago muestran una marcada división en la forma en que los estudiantes negros y los que están en educación especial son tratados por la policía, en comparación con otros estudiantes.

Colin Boyle/Sun-Times

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En octavo grado, Angelo McFarland y sus amigos fueron detenidos por agentes de policía de Chicago después de que otro grupo de niños discutiera con ellos en la escuela.

Nisa Pérez, una estudiante de educación especial, fue arrastrada fuera de un salón de clases por un oficial de policía por tener audífonos en clase, que además la reprendió por resistirse.

Davione Jackson estaba en un pasillo de su escuela y vio a los oficiales responder a una pelea típica entre adolescentes usando armas de taser y deteniendo a estudiantes como si fueran criminales.

Destiny Bell vio como escalaba una discusión entre oficiales, compañeros de clase y ex alumnos fuera de la escuela, intensificándose hasta que los policías empujaron y atacaron a los jóvenes después que terminaran las clases.

Durante años, estudiantes negros y activistas comunitarios se han quejado de tener policías uniformados en sus escuelas, alegando que eso resultó en que el personal escolar los acusara e involucrara a los policías en problemas de rutina. Eso ha provocado que los oficiales magnifiquen esas situaciones y tiendan a criminalizar más el comportamiento de los adolescentes negros.

También dicen que la policía no sabe cómo manejar las necesidades de los estudiantes que requieren educación especial y no debería ser quien responda cuando uno de esos estudiantes entra en crisis.

Los propios datos del sistema escolar respaldan esos señalamientos, según un análisis del Chicago Sun-Times de los registros de las Escuelas Públicas de Chicago, que encontró una marcada división en la forma en que los estudiantes negros y los que están en educación especial son tratados por la policía, en comparación con otros estudiantes. Entre los hallazgos del Sun-Times se vio que:

• Los estudiantes que asisten a una secundaria que tiene un oficial de policía de Chicago en su interior, tienen cuatro veces más probabilidades de que la policía les llame la atención que los niños de las escuelas secundarias que no tienen oficiales en su interior.

• En las secundarias con mayoría de estudiantes negros hay casi tres veces más probabilidades de que la policía les llame la atención que en las escuelas con una población estudiantil más blanca.

• Las niñas afroamericanas sufren algún tipo de intervención por parte de la policía escolar a un ritmo ocho veces mayor que las niñas blancas y casi 14 veces más que las niñas asiático-americanas.

• La policía acusa tres veces más a los niños que reciben educación especial que a otros estudiantes.

• Entre las secundarias que tienen oficiales en su interior, la policía interviene con más frecuencia en las escuelas con poblaciones de estudiantes de mayoría negra que en aquellas donde los estudiantes de raza negra son minoría.

• Y los datos de arrestos de estudiantes publicados por primera vez por CPS la semana pasada muestran que esas notificaciones policiales han llevado a arrestos de estudiantes negros a una tasa 9 veces y 1⁄2 más que la de los estudiantes blancos, seis veces más que la de los estudiantes latinos y 38 veces más que la de los estudiantes asiáticos-estadounidenses. De 11,527 arrestos de estudiantes hechos en Chicago durante los últimos nueve periodos escolares, incluido el último trimestre abreviado de 2019-2020, 9,001 han sido de estudiantes negros. Eso significa un 78.1%. Eso ocurrió a pesar de que los estudiantes negros representan 39% de la matrícula de CPS durante ese periodo, según los registros.

Esa actuación policial dispareja también se ve a nivel nacional

Esos “temibles” datos vistos en CPS reflejan en gran medida las tasas disparejas de vigilancia en las escuelas a nivel nacional, dice Pauline Lipman, profesora de estudios sobre políticas educativas e investigadora en la Universidad de Illinois en Chicago.

“Toda la investigación muestra prácticamente lo mismo: la policía en las escuelas, en realidad, no protege a los estudiantes”, dice Lipman, quien ha estudiado las políticas de CPS durante más de dos décadas. “La policía en las escuelas hace que los estudiantes negros y latinos, en particular, tengan más miedo de ir a la escuela. Afecta su experiencia educativa y puede comenzar a ponerlos en un camino en el que diversas instituciones los criminalizan. Este es un hallazgo extremadamente serio y debería ser un argumento muy fuerte, particularmente en este momento de ajuste de cuentas nacional, para sacar a la policía de las escuelas”.

La alcaldesa Lori Lightfoot y el liderazgo de CPS se han negado a hacer una remoción general de policías de las escuelas, incluso cuando enfrentan un escrutinio público que sólo se ha hecho más fuerte desde que la Junta de Educación de Chicago aprobó un contrato de $33 millones en agosto del año pasado con el Departamento de Policía de Chicago (y lo hizo nuevamente este verano), mientras la nación ha lidiado con la historia del racismo en Estados Unidos y el papel de la policía en comunidades y escuelas negras.

Jadine Chou, jefa de seguridad y protección de CPS, dice que el sistema escolar ha estado trabajando para eliminar las disparidades en la vigilancia escolar, particularmente sobre los estudiantes negros.

“Nada es más importante para todos nosotros aquí en CPS que asegurarnos de que todos nuestros estudiantes sean tratados de manera justa y tengan un acceso equitativo a nuestras escuelas”, dice Chou.

Lightfoot y CPS han propuesto reformas al programa de policía denominado ‘School Resource Officer’ (SRO). Este miércoles, los funcionarios de CPS presentarán un acuerdo revisado de $15 millones del programa a la junta escolar para su aprobación.

La junta, que decidió en junio no terminar su relación con el Departamento de Policía, se enfrenta a otra votación clave en la que podría optar por no renovar el contrato policial, que expira a finales de este mes.

Rompiendo la disparidad racial

El Sun-Times analizó 1,758 notificaciones policiales entre 296,966 estudiantes en 505 escuelas administradas por CPS durante 2018-19, el último año académico completo. El análisis midió el número de llamadas a la policía por cada 100 estudiantes en cada grupo demográfico.

En CPS, el término “notificación policial” se refiere a cualquier momento en que la administración de una escuela contacta a la policía para responder a un incidente disciplinario, que puede dar lugar “desde acciones policiales hasta el arresto”.

A pesar de que las disparidades entre los estudiantes negros y sus compañeros se mantienen constantes, la cantidad total de notificaciones policiales y la tasa de llamadas se han reducido drásticamente en la última década. Ambas cifras son ahora una fracción de lo que eran en 2011, cuando se hicieron 5,166 llamadas.

De manera similar, los registros que CPS acaba de publicar muestran que el número de arrestos de estudiantes disminuyó un 80% desde 2011.

La mayoría de las llamadas durante el periodo escolar 2018-19 (1,054) se concentraron en 94 escuelas secundarias que atienden a un total de 76,791 estudiantes.

La policía se involucró 26 veces con estudiantes desde preescolar hasta segundo grado.

Los estudiantes de tercer a quinto grado fueron objeto de 95 llamadas policiales.

Y 572 notificaciones fueron para estudiantes de sexto a octavo grado.

En total, se llamó a los oficiales un promedio de 1.37 veces por cada 100 estudiantes durante el año escolar 2018-19.

Las disparidades raciales se vuelven claras cuando se toma en cuenta la participación racial y escolar en el programa SRO.

En 70 escuelas secundarias no charter que tienen oficiales en su edificio, se realizaron 1.52 notificaciones a la policía por cada 100 estudiantes, alcanzando un total de 1,014 llamadas. Para las 23 secundarias sin oficiales, ese promedio fue de 0.39 llamadas por cada 100 alumnos (40 notificaciones en total).

De las 15 escuelas del programa SRO con las tasas más altas de llamadas a la policía, 10 eran escuelas con mayoría de estudiantes negros. De las 15 escuelas que registraron las tasas más bajas de llamados, 11 de ellas no tenían mayoría negra.

Se cree que se criminaliza más a estudiantes de 7° y 8° grado

McFarland, que ahora tiene 18 años, se graduó en junio de Austin College and Career Academy High School, que en las últimas semanas decidió mantener a los oficiales en su edificio. McFarland dice que cuando estaba en octavo grado, en la escuela primaria Sumner, un grupo de niños discutió con él y sus amigos. Los guardias de seguridad y los maestros de la escuela intervinieron luego que uno de los adultos llamó a la policía. Los oficiales detuvieron a todos los niños, que estaban en séptimo y octavo grado.

McFarland dice que la situación podría haberse manejado de manera muy diferente, sin que los estudiantes se sintieran criminales por haber tenido una discusión, si la escuela hubiera tenido trabajadores sociales y consejeros para hablarles sobre sus peleas.

“Los niños que realmente empezaron a decirnos cosas y trataron de meterse con nosotros, siento que tal vez no tenían a nadie con quien hablar”, dice. “Tal vez algo estaba pasando en su casa que nadie conocía. La única reacción que conocen es la violencia”.

“Si nosotros, como comunidad, como escuelas, como seres humanos, si tuviéramos los recursos adecuados, la educación adecuada y las personas adecuadas para enseñarnos, no tendríamos estas situaciones. Cada vez que la palabra ‘negro’ aparece en una oración, la policía interviene”.

Dice que los líderes escolares y gubernamentales deben comprender el grado en que los negros temen a la policía y cómo los estudiantes cargan con ese sentimiento todos los días.

“Si veo oficiales corriendo hacia mí, lo primero que pienso es que voy a morir”, dice McFarland. “Temo por mi mamá. Sé el gran impacto que tendrá para ella si pierde a uno de sus hijos. Te hace sentir que no tienes un lugar en este mundo”.

Lipman, la profesora de UIC, dice que los estudiantes negros y latinos se enfrentan a una vigilancia policial hostil en las calles, y “cuando van a la escuela ven a la misma policía en lo que se supone debe ser un entorno de aprendizaje de apoyo, cariño y enriquecimiento. Eso sólo magnifica el trauma que ya están experimentando en la comunidad”.

Los estudiantes latinos no enfrentan las mismas tasas de notificaciones policiales en las escuelas de CPS que los estudiantes negros, pero aún así están dos veces y media más vigilados que los estudiantes blancos, según muestran los registros.

Schurz High School registró la mayoría de las llamadas a la Policía

Una escuela con población predominantemente latina, Schurz High School, en Irving Park, en el noroeste de la ciudad, registró la mayor cantidad de llamadas a la policía en el año escolar 2018-19. Los oficiales intervinieron 229 veces ese año contra estudiantes en Schulz.

La siguiente escuela con más intervenciones fue Taft High School, que tenía más del doble de estudiantes matriculados. Taft recibió 75 notificaciones, aproximadamente tres veces menos.

Incluso teniendo en cuenta que tiene 1,600 estudiantes, lo que la convierte en la undécima escuela más grande de CPS, las tasas de llamadas a la policía en Schurz es la tercera tasa más alta de la ciudad, con 14.65 llamadas por cada 100 estudiantes.

Otras escuelas con altas tasas de notificaciones fueron Tilden High School, con 21.3 llamadas por cada 100 estudiantes, y Marshall High School, con 10.6 llamadas por cada 100 estudiantes.

Los Consejos Escolares Locales de Schurz, Taft, Tilden y Marshall votaron a principios de este mes por mantener a sus oficiales de policía.

Incluso cuando la presencia de policías en el interior de las escuelas se elimina de la ecuación, todavía existe una disparidad entre las escuelas de mayoría negra y aquellas con más estudiantes blancos que el promedio de la ciudad de 10.8%. Ninguna secundaria de CPS es mayoritariamente blanca.

En las 37 secundarias de CPS con mayoría de estudiantes negros, en el periodo 2018-19, se realizaron 1.66 llamadas a la policía por cada 100 estudiantes. En otras 18 escuelas con poblaciones más blancas que el promedio, hubo 0.62 notificaciones por cada 100 niños, una tasa casi tres veces menor.

Eso equivale a aproximadamente la mitad de las notificaciones policiales totales en las escuelas con población más blanca que el promedio en las escuelas de mayoría negra (168 frente a 313) a pesar de que las escuelas con mayoría blanca atienden a 8,500 estudiantes más, 27,063 frente a 18,537.

En general, 58.8% de las llamadas policiales ese año involucraron a estudiantes negros, que representan 35.9% de la matrícula de CPS.

Las niñas negras enfrentan una notificación por cada 100 estudiantes: ocho veces más que las niñas blancas, 14 veces más que las asiáticas-americanas y aproximadamente 2 veces y 1/2 más que las latinas.

Aja Reynolds, profesora asistente de educación urbana y estudios raciales en la Universidad Estatal Wayne, en Detroit, dice que las niñas negras son vistas habitualmente como alborotadoras porque no se ajustan a la versión idealizada de la niñez o de feminidad blancas. Eso conduce a tasas más altas de intervención policial.

“A menudo, las expulsan más de la clase o están en problemas porque responden”, dice Reynolds, un ex organizador comunitario de Chicago que trabaja con niñas negras en el sur de la ciudad. “Y su respuesta puede ser sólo una defensa. Pero como es de una muchacha negra, se ve como una respuesta agresiva”.

“La base de lo que entendemos como feminidad, de quién representa eso, está realmente encajonada en esta mujer blanca y de clase media”, dice Reynolds. “Por eso las niñas y mujeres negras no suelen ser vistas de la misma manera”.

Pérez, una estudiante de último año en la Academia de Matemáticas y Ciencias Lindblom, estaba en educación especial en su escuela primaria cuando un oficial la sacó de un aula por tener los auriculares puestos.

“Lo recuerdo muy vívidamente porque le gritaba que se detuviera”, dice Pérez. “No entendía. No fue una advertencia. No había peleado con nadie, no había hecho nada. Literalmente estaba sentada en clase. Estoy asustada sobre esto. Fue un año difícil para mí, estaban sucediendo muchas cosas. Recuerdo estar en esa situación y tratar de pensar: ¿Qué se resolvió? ¿Por qué?”

“Mi escuela no estaba fuertemente vigilada, pero aún así tuve una experiencia como esa”, dice. “Y esa fue una experiencia liviana en comparación con las sufridas por muchas otras jóvenes negras que estaban en CPS y han tenido experiencias peores”.

Jackson y Bell dicen que sienten, en su escuela, como si tuvieran marcas sobre sus espaldas, sólo por el color negro de su piel.

Una caída constante en las llamadas policiales

Chou, jefa de seguridad y protección de CPS, señala a las políticas implementadas el otoño pasado, que limitan las circunstancias bajo las cuales se puede llamar a los oficiales para interactuar con los estudiantes, prohibiendo la participación de la policía en la disciplina escolar, como una forma en que el sistema escolar está tratando de cambiar el sistema de vigilancia policial en las escuelas.

La reducción de las llamadas a la policía se ha mantenido constante en los casi nueve años de Chou en el trabajo.

Chou atribuye esas reducciones a la introducción de la formación y la eliminación de una política de no tolerancia.

“Estamos capacitando al personal para que comprenda cómo abordar situaciones haciendo énfasis en el trauma”, dice. “Estamos capacitando al personal sobre prejuicios raciales implícitos para comprender lo que nosotros, como adultos, debemos hacer para eliminar esos atajos que a veces las personas toman al hacer suposiciones y cómo reaccionamos ante una situación”.

“Hemos logrado un progreso tremendo. Nuestro objetivo es eliminar el camino que lleva de la escuela a la prisión. Estamos en este camino y estamos comprometidos a asegurarnos de que eso suceda”.

Por orden de la alcaldesa los Consejos Escolares Locales de alrededor de 71 secundarias han considerado si mantienen a los oficiales en las escuelas. Cincuenta y cuatro escuelas decidieron mantener a sus policías para el próximo año escolar y 17 los han eliminado.

Los funcionarios de algunas escuelas han dicho que sus oficiales son amables y mantienen a los estudiantes a salvo de problemas externos. Otros han dicho que se han visto obligados a elegir entre un oficial o nada, quejándose de la postura de CPS de que las escuelas que renuncian a sus programas SRO no pueden usar ese dinero para nada más.

En general las escuelas con menos estudiantes negros fueron las que quitaron a la policía. Casi todas las escuelas secundarias de mayoría negra optaron por mantenerlas. Eso deja a la mayoría de las escuelas de mayoría no afroamericana sin policías y todas las escuelas secundarias de CPS, excepto dos, de mayoría negra, con oficiales en el edificio.