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COLUMNA: Utilizan la muerte de la jueza de la Suprema Corte, conocida por buscar el consenso, para dividir

Trump cree que al nominar a un fanático de derecha para juez puede consolidar el apoyo de su base conservadora.

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La jueza de la Suprema Corte, Ruth Bader Ginsburg (conocida como RGB), fue una tenaz defensora de la igualdad. El torrente de dolor por su muerte que recorre el país es testimonio de su compromiso. Ella merece todo honor y celebración.

La jueza Ginsburg se llamó a sí misma una “liberal de la restricción judicial”. Ella creía que, en una democracia saludable, el poder judicial debería trabajar en colaboración con los otros poderes, en lugar de tratar de imponerle las opiniones de su mayoría a la sociedad. Donald Trump y el líder republicano del senado, Mitch McConnell, no conocen tal restricción.

La afirmación de Trump y McConnell de que se apresurarán a nominar a un juez con la intención de desmantelar su legado, es descarada y venenosa. No tienen vergüenza, porque exponen una vez más que solo les importa el poder, no la ley o lo legítimo. Y envenenan porque usan la muerte de una jueza famosa por buscar el acuerdo para profundizar las tóxicas divisiones de la nación.

A menudo se compara a Ruth Bader Ginsburg con Thurgood Marshall. Marshall, como titular del Fondo de Defensa Legal de la NAACP, creó una estrategia legal que lentamente, caso a caso, llevó a la Corte Suprema a declarar por unanimidad que la segregación racial era una violación de la Constitución y que la discriminación por motivos de raza era inconstitucional. Ginsburg, como Directora del Proyecto de los Derechos de la Mujer en la ACLU, ideó una estrategia similar para educar a los jueces sobre la realidad de la discriminación sexual, que llevó a la corte a concluir que la discriminación basada en el sexo era inconstitucional.

Ambos fueron tenaces defensores; ambos se dedicaron proteger la ley. Ambos entendieron que su estrategia legal era exitosa a causa de movimientos sociales más amplios. Como escribió la jueza Ginsburg, “los jueces leen periódicos y se ven afectados, no por el clima del día... sino por el clima social de su época”.

Ambos también entendieron una verdad fundamental. La igualdad de justicia para los afroamericanos beneficia a todos los estadounidenses. El racismo marcó la vida de los negros, pero también de los blancos. De manera similar, la igualdad de derechos de mujeres y hombres ante la ley beneficia a todos. La igualdad de pago a la que tienen derecho las mujeres ayuda a mantener a las familias. En uno de sus primero casos, Ginsburg se opuso a la ley que otorgaba a las mujeres sobrevivientes prestaciones del seguro social, pero privaba a los hombres de esos mismos beneficios. Ambos entendieron que todos nos beneficiamos cuando todos podemos, en las mismas condiciones, desarrollar nuestro potencial.

Trump llegó a la Casa Blanca, a pesar de obtener muchos menos votos populares que su oponente. McConnell lidera una pequeña mayoría en el senado que representa a muchos menos ciudadanos que los que representa la minoría. Impulsados ​​por preocupaciones electorales partidistas, ahora dicen que buscarán nominar y confirmar a un juez de derecha para tomar el lugar de Ginsburg, uno que sostenga puntos de vista que ellos mismos saben se opondrá a los de la mayoría de los estadounidenses. Como un lobo con piel de cordero, estos jueces fingen ser “estrictos constructivistas” [que siguen la Constitución], cuando en realidad son activistas de derecha, dispuestos a eliminar el precedente judicial y la intención legislativa para imponer sus puntos de vista.

Un objetivo, por supuesto, es Roe vs. Wade, la decisión de 1973 de la Suprema Corte que establece el derecho constitucional al aborto. También está en riesgo la Ley de Atención Médica Accesible (ACA, por sus siglas en inglés), la legislación que extiende Medicaid a millones más de trabajadores, que permite que muchos jóvenes estén cubiertos por el seguro de atención médica de sus padres, que exige la protección ante afecciones preexistentes, que subsidia la atención médica para quienes no tienen planes de empleador y que reduce el costo de los medicamentos recetados para las personas mayores. También están en riesgo las leyes de los derechos civiles (como el “principio de Acción Afirmativa” y la “Ley de Derechos Electorales”), ya debilitadas por jueces conservadores y que todavía están bajo ataque.

RGB, como Marshall, creía en la ley, respetaba su proceso, se preocupaba por sus precedentes. Los nuevos jueces de derecha no tienen tal moderación. Estuvieron dispuestos, en una decisión de 5 votos a 4, a destripar la Ley de Derecho al Voto que acababa de ser reformada por una vasta mayoría de ambas cámaras del Congreso. Están dispuestos a derogar la ACA, también aprobada por el Congreso y privar a millones del acceso a los servicios de salud. Están ansiosos por desgastar el derecho de la mujer a elegir [sobre su cuerpo], algo que la jueza Ginsburg reconoció como “fundamental para la vida de una mujer y para su dignidad”. Esta es una decisión que ningún gobierno debería tomar por ellas.

Trump cree que al nominar a un fanático de derecha puede consolidar el apoyo de su base conservadora. McConnell cree que, al impulsar una nominación, a pesar de las inminentes elecciones, puede ayudar a los senadores republicanos bajo amenaza de no re-elegirse a tener más chances en las elecciones en los estados conservadores. Para obtener una ventaja política a corto plazo están dispuestos a defender las opiniones de ciertos grupos dentro de una mayoría de la Suprema Corte.

Esta nación, y la jueza Ginsburg, merecen algo mejor. Los estadounidenses deben asegurarse de que Trump y los senadores comprendan que esta indignación les costará políticamente y no los ayudará. Dejemos que los estadounidenses voten antes de que se elija a alguien para ocupar el puesto de Ginsburg. Sin duda, mientras lamentamos la pérdida de esta extraordinaria e histórica luchadora por la justicia, eso es lo menos que podemos hacer.

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